Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
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No era precisamente un héroe, no tenía fortaleza, de tesón, le faltaba kilo y medio. Además, le faltaba empatía, (mostraba una enorme frialdad e insensibilidad ante la desgracia de su pueblo) y no tenía ningún sentido de la justicia, (solo le importaba hacer más rico a los ricos), en definitiva, era justo la templanza lo que hacía de él ser lo que era: un infame presidente y un miserable gobernante. Lo dicho, un ser totalmente antónimo y contrario a un héroe.

Posted by Frank Spoiler 10:09:00 No comments


Míchigan. (Estados Unidos).
August; 51 años, Divorciado y con dos hijos, a los que amaba con toda su alma. Desempleado y al cuidado de una madre enferma de Alzheimer. Sin vivienda, mal vivía en una cochera, en Detroit, en una casa que antaño fuera suya y que hoy, era de su ex mujer, de su suegra y de sus hijos. La cochera, convertida eventualmente en vivienda, con dos simples camas y un aseo sin ducha, con retrete y lavamanos.
Era él quien cocinaba para todos en la casa «pocos podrían comprender o entender esa situación tan extraña». Tanto su madre cómo él mismo, usaban el baño superior para la ducha y aseo personal y coexistían todos juntos, más que hacer vida en común. August, no tenía más que estudios primarios, siendo estos además, inacabados.
 Toda su vida era un aprendizaje continuo. Incansable buscador de la verdad Su verdad Perdido en la blandura de un corazón qué tan solo le trajo un disgusto tras otro.
De niño vivió siempre en un mundo de fantasía dónde solo tenían cabida sus propios héroes… y sus sueños más anhelados e infantiles.
Incapaz de hacer daño a una mosca. Sufrió en propias carnes la incomprensión de las mujeres con las que, de alguna forma, compartió su vida alguna vez.  Siendo menospreciado por ser demasiado bueno y sin maldad. Nunca logró hacerse entender por ellas. De niño, de tan ingenuo e inocente, fue querido y adorado por todos sus vecinos y vecinas, su carácter,  ingenuo y bonachón, a la vez que educado y servicial, le hizo ser merecedor de su afecto. Sin ser peleón, nunca se dejó amedrentar por otros niños ni se dejó humillar por los más grandes y peligrosos del barrio. Nunca buscó una pelea pero tampoco la rehuía si esta se terciaba. Fiel defensor a ultranza de los más débiles. Nunca consintió que se les humillara si él estaba presente. Desde esa niñez tuvo constancia que no era igual que los otros niños. Siempre vio más allá de donde se quedaban otros. Lo cual, lejos de ayudarlo, lo hizo ser precavido y juicioso. No debía usar su poder sin ser consciente que, al igual que servía para hacer el bien, también podía ser usado para hacer el mal.
Esto le provocó miedo e inseguridad e hizo de su infancia un infierno.
 Sólo, sin saber cómo hacer para no servir de mofa o escarnio al contarlo. Pero, acaso… ¿podía contarlo?  ¿A quién contarle su incipiente “poder”?
¿Y quién se lo iba a creer?  Si ni él mismo de no creérselo, un día… lo olvidó.



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August salió a correr, bueno, más que a correr, a arrastrarse, no estaba para muchos trotes, estaba pasado de peso, le dolían todos los huesos y por consiguiente, se sentía una mierda.
Eligió esta vez un camino rural rodeando el lago Kemp, cercano a su vivienda, no tenía prisa, sus hijos, después del colegio, solían ir a los viernes a Harvey, ciudad próxima a Wichita Falls, donde iban a comer todos a casa de su abuela, con su madre.
El camino rural que rodeaba el lago, era un camino de tierra, compartido por Transeúntes de a pie, coches o bicicletas, aunque no era muy transitado por los segundos y se paseaba tranquilo, sin miedo a qué te fuera a atropellar algún carro de un conductor nervioso. No, no era ese el caso. Había hecho ese trayecto cientos de veces, buscando siempre una pérdida de “gramos” qué por demás, nunca se daba pues, al llegar de nuevo a casa, el hambre por el ejercicio practicado era mayor que sus ganas de perderlo.
Esta vez fue diferente. Se sentía herido y lastimado y sus ánimos estaban por los suelos. Así que, ni siquiera se dio cuenta de que algo le pasaba por encima de su cabeza y le seguía. ¿Volaba o levitaba…?
Estaba justo encima de su cabeza, a unos diez metros de altura y no era precisamente un pájaro.
August, a todo esto seguía rumiando sus pensamientos, diciéndose de todo y echándose la culpa de lo ocurrido.
Ni siquiera se percataba que, iba tan a prisa y ensimismado qué, su pulso se aceleraba y su respiración se hizo agitada y convulsa, de pronto, se llevó ambas manos al pecho, mientras se le doblaban las rodillas y caía desmayado al suelo.
 Antes de cerrar definitivamente los ojos, le pareció ver algo que brillaba extrañamente en el cielo, justo encima de su cuerpo. Su último pensamiento fue: ” ¡Dios, por fin hallaré la paz”!
Cuando August, abrió los ojos, poco podía imaginar lo que iba a ver. ¿Cómo te sentirías si al levantar la mirada, te encontraras contigo mismo? ¿Y encima, mirándote sonriente y divertido?
Pues eso fue lo que le ocurrió a August. Vio a alguien que le miraba desde cierta altura y… ¡Era idéntico a él! Luego de observarlo un segundo, totalmente asustado y confuso. Se decidió a tocarse, a palparse y a medirse el cuerpo, esperando que no le faltara ningún “trozo” sus ojos bizqueaban de asombro y miedo…
Deja ya de temblar, August Dijo su sosias con su “misma voz” Tú siempre lo sospechaste y tenías razón No eres humano . Ni siquiera existes Continuó su doble, inflexible a su asombro. Tan solo eres una prolongación de mí mismo y de mis pensamientos. ¿Ya no te acuerdas cuando contabas a tus amigos que no eras de aquí, que eras un extraterrestre venido, de no se sabía dónde? ¿Cuantas veces contaste la misma historia a quienes querían escucharla y lo que tú creías que era parte de tú imaginación, como un juego?
Los ojos de August cada vez mostraban más asombro y más dudas.
No podía ser, ¿estaba soñando? ¿O estaba muerto y deliraba? Pero… ¿puede delirar un… muerto? Su mente era un auténtico caos, no entendía nada, aunque, lo de la historia sí, sabía a cuál se refería, él, la había contado en cachondeo, muchísimas veces, tantas que ni se acordaba ya. Una idiotez que se le ocurrió de jovencito para impresionar a las amigas de sus hermanas mayores y a su vez, hacerlas reír un rato. Así fue que se “pilló” una fama de simpático. Algo era algo, cuanto menos, ya que su físico no le acompañaba, al menos sí lo vieran agradable. El pobre, no era precisamente un “adonis” más bien al contrario, su cuerpo era marcadamente obeso y sus carnes, estaban fofas como la gelatina. (Menos mal que por lo menos tenía un rostro agradable y era simpático). Y…  bueno sí, pensaba August. Le dio por contar  que era extraterrestre y que, en realidad, el verdadero August, fue intercambiado por él. Que August, sólo era una especie de experimento para saber cómo piensan y reaccionan los seres humanos ante las muchas adversidades que se le pusieran durante su infame existencia.
Vamos, que era poco menos que  un experimento de laboratorio. Lo bueno fue que para convencerlas  les leía la mano y les contaba cosas de ellas
pasadas y futuras, las pasadas ya las sabía por sus hermanas. Y las futuras… ¿cómo las sabía? No lo sabía…
El caso era que las dejaba asombradas y comentaban lo gracioso y simpático que era. Cosa que por supuesto a él le satisfacía por completo y lo llenaba de orgullo.
Vaya, veo por los gestos de tú cara, que estás recordando Le habló su otro yo.
August, levantó la mirada y le plantó cara. Creo que creía que estaba aún soñando y si era así, no tenía por qué tenerle miedo.
¡Vaya mierda de sueño eres! ¿Ya podías haberme aparecido con un cuerpo musculoso y trabajado, sin arrugas y sin esa cara de gilipollas, tan parecida a la mía, no? ¡Joder, Hasta para soñar soy malo!
¿Aún no lo entiendes, verdad, August? No eres tú quien está gordo y deformado, es más ni siquiera existes aquí, en este mundo, solo eres “Un experimento” y si estás así de gordo, no es culpa tuya, si no mía, pues aquí, en este planeta, no necesitamos nuestros cuerpos para vivir, solo somos energía y si tú me ves así, es por la razón de que te miras a ti mismo y a la vez, solo eres una proyección de “mí subconsciente”. No me preguntes por qué, tal vez el hecho de vivir tanto tiempo tus mismas vicisitudes y tú mala alimentación, trastocó también mí mente y pudo formar ese cuerpo castigado por los kilos de más y la falta de ejercicio.
Pero tenlo claro August, tú, no existes NO EXISTES NO EXISTES
August abrió los ojos de golpe, miró a su alrededor y vio que estaba en el mismo lugar dónde perdió el conocimiento. Echó un vistazo a su móvil, las diez y media. Apenas hacía una hora que había salido de casa. Se llevó la mano hacia dentro de la sudadera sacando un pequeño puñal que siempre que salía a caminar por el campo, llevaba, pegado al cuerpo con tiras de esparadrapo, por precaución. Hacía muchísimo que lo tenía Nunca lo había tenido que usar pero, ese era el mejor momento Pensaba angustiado August, mientras giraba la parte afilada del puñal hacia su pecho, justo dónde se supone que está el corazón, después apretó fuertemente hacia adentro exhalando solo un pequeño grito de dolor. Mientras en su mente le venía un último pensamiento. ¡Joder, para no existir, como duele esto!
Allá lo encontraron cuatro horas más tarde semiinconsciente sobre un enorme charco de sangre y murmurando repetidamente; “No existo… no existo… no existo”.




Posted by Frank Spoiler 20:57:00 No comments



No hay tiempo... mi corazón está a minutos de dejar de latir, lo presiento.
Lo triste es que no lo siento, salvo por el hecho que, seres inocentes van a sufrir mi marcha... y esa es la única pena que me voy a llevar conmigo. No puedo soportar provocar dolor en quienes me quieren o alguna vez me quisieron... por esa razón he vivido tanto, si hubiera nacido sin corazón... seguramente hoy yo no estaría escribiendo estas líneas de despedida. Aunque ¿de quién o quiénes me estoy despidiendo? ¿Acaso ellos llegarán a leer estas pocas líneas? y si lo hacen ¿llorarán mi despedida? La pregunta es absurda... ¡claro que lo harán! por esa razón los amo tanto... son sangre de mi sangre, ¡lágrimas de mi llanto!
Ya siento cómo se agita el ritmo de mi respiración a la vez que se me acelera el pulso y late descompasado y frenético mi corazón... tal vez no pueda acabar esta nota... tal vez la muerte me abrace antes sin ninguna conmiseración... se me adueña el frío de los huesos, es su abrazo, tira de mi espíritu, me arranca el alma y detrás veo como cae mi cuerpo al suelo, sin vida, vacío... No lo entiendo, las teclas siguen sonando a mi espalda mientras caigo en un pozo profundo y oscuro donde pierdo al fin mis últimos pensamientos.


Posted by Frank Spoiler 19:08:00 4 comments


Nunca olvidaría mi primera vez en la radio, el equipo de “Las Mañanas de Radio Nacional de España” fueron muy amables conmigo, fui con Consuelo, conocía al director, Alfredo Menéndez. Eso sí, no antes de haber estado en la feria y habernos comido un cucurucho de vainilla, invitó ella, sabía que era mi gusto preferido, aunque eso no fue antes de pasar una mañana fabulosa montando en un montón de atracciones, la noria fue la mejor, y de que, muy amable y atenta, me atará el cordón de una de mis bambas amarillo chillón. ¡Sí, mi profesora era la mejor!

Posted by Frank Spoiler 20:03:00 4 comments


No, por desgracia no estoy loco.  No es una excusa, lo juro, esta apatía que me aplasta, duele, mata,  me hace pensar que no es más que la debilidad de mis sentidos en la búsqueda constante de una razón para vivir, sin obtener ninguna clase de brillo, negándome a mí mismo, en forma u  idea, como forma empírica de inspiración, darle un sentido a mi existencia. Pero no, se burla de mí y es la misma soledad la que me maltrata al ritmo loco de Break Dance sin proporcionarme (triste de mí) ninguna clase de satisfacción o diversión.


Posted by Frank Spoiler 10:46:00 No comments
Posted by Frank Spoiler 8:53:00 No comments


¿Cómo me dejé convencer? Me preguntaba mientras corría como un imberbe a esconderme. ¡Estaba loco! ¿a mi edad? Corrí, pensando en esa locura, como en mi niñez, cuando jugaba, de chiquillo, con Luz, Mar, José. Hasta creí reconocer el camino por el que corría, un sendero que llevaba “a nuestro castillo”, un árbol grandioso y centenario donde teníamos nuestro “cuartel de juegos”. No, no estaba el árbol, en su lugar una brillante lápida con una inscripción que decía:
Mar, mi querida y adorada Mar… siempre llevaré en mi corazón tu dulce mirada. ¡Te amo!
Marcos. 28/04/47 19/09/61


Posted by Frank Spoiler 9:17:00 5 comments


Lo miré con lástima, mis ojos estaban empañados en lágrimas. Lo sabía de sobra, jamás encontraría a nadie con más Lealtad hacia su dueño que él. Su color, Blanco, como su carácter, siempre juguetón y travieso. «Como cuando lo recogí de un cubo de la basura donde “alguien” con no muy buen corazón y peores sentimientos, lo había tirado». Con pena le acerqué su juguete preferido, una Mariposa de goma, le encantaba, sequé su viejo hocico, manchado de Barro, por último, puse cerca su Cuenco con agua limpia y fresca. Con agradecimiento me lamió la mano, esa fue su despedida.


Posted by Frank Spoiler 10:34:00 No comments


No había tiempo para Insistir, tampoco tenía que dejarlo pensar, su Resiliencia, su capacidad y su innata adaptación a cualquier medio adverso, lo transformaban en un rival temible. No le daría ventaja para que pudiera convertirse en Crisálida y que me robara lo que más amaba, ¡Salvatore era Mío!
No me mires así Antonella, no es Tuyo, él no tiene dueño, tampoco sabes si es heterosexual.
No, claro que no lo entendía, estaba rabiosa, Fabio estaba “molto bello” y su asexuada morfología le provocaba horribles celos.
¿Nos vamos chicas? entró en el camerino Salvatore convertido en una Marilyn Monroe ¡Espectacular!.


Posted by Frank Spoiler 10:59:00 No comments


No había tiempo para pensar, Adrián nos miraba de una manera que no me gustaba demasiado y los dichosos engendros estaban tomando cuerpo.  Y nunca mejor dicho pues, de una manera que no sabría explicar, lo que estaba pasando allí era como una pesadilla, más parecida a «la invasión de los ladrones de cuerpos», una película del año 1956 dirigida por el cineasta Don Siegel y que a mí me había impresionado mucho cuando la vi años atrás en mi época de universitario y para mi tesis doctoral. Era una película donde, al parecer, unas semillas de origen extraterrestre se apoderaban de los cuerpos de los humanos mientras dormían, pero no de sus propios cuerpos sino que los clonaban tomando su forma y conocimientos. Y eso es justamente lo que estaba ocurriendo allí mismo, delante de nuestros ojos pues, en apenas unos minutos aquellas cuatro criaturas venidas de a saber dónde se habían transformado en nuestros tres compañeros muertos: Adrián, Andreína, Agustín y Raúl. Mi cabeza no estaba para pensar, no, no lo estaba, sin embargo sí estaba rabioso, muy rabioso, no solo creía haber perdido al amor de mi vida… otra vez, sino que estábamos a punto de perecer en manos de no sé qué tipo de engendros o monstruos.
— ¡Qué hacéis ahí parados como estúpidos, por el amor de Dios, corred!
El grito de desesperación que nos lanzó Blasco llegado de “no se sabía bien dónde”, me sacó de la abstracción y, dando un salto hacia atrás, corrí hacia Nadia y Jorge, que seguían paralizados de horror y, hasta creo que también lo estaban de asco pues, “aquello” en lo que habían convertido a nuestros amigos (o lo que fueran ya) era francamente asqueroso.
Blasco nos esperaba oculto tras unos matorrales con… ¡caballos! No le preguntamos de dónde los había sacado, simplemente nos dejamos guiar por él y corrimos como alma que nos lleva el diablo hacia ellos, eran dos hermosos corceles, los dos de color negro con un pelaje fino y brillante. No llevaban montura ni bridas por lo que nos miramos los tres intrigados y algo descolocados (Blasco, lógicamente,  no lo estaba) y nos volvió a gritar.
— ¡Samuel, monta tú con Nadia que yo iré en el otro con Jorge! ¡Corred y no preguntéis! ¡Agarraos a las crines bien fuerte, os va la vida en ello!
Blasco tenía razón y no había tiempo para hacer preguntas tontas así que, sin pensar más,  empujé a Nadia, «que parecía no haber salido de la impresión», saltando yo primero y subiéndola a ella después tirando de sus manos y haciendo que se agarrara fuertemente a mi cintura. Jorge y Blasco ya estaban en el caballo galopando como locos por entre diversas especies de árboles –nunca vistas antes por mí– y esquivándolos como podían. Detrás quedaban los que fueran nuestros amigos,  ahora convertidos en monstruos sedientos de sangre. Una cosa sí me pasó por la cabeza, «¿por qué no nos perseguían…?», no fue más que un segundo, el tiempo justo de sentir las cálidas manos de Nadia apretándome fuerte la cintura y me olvidé de todo, hasta de sentir miedo.
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No paramos hasta llegar a una vieja iglesia, vieja y derruida dónde un viejo nos hacía señales con la mano indicándonos que entráramos detrás de él.  Lo hicimos.
No nos quedaba otra y ordené que hicieran caso al viejo y entraran rápidamente en aquella vieja iglesia derruida. Una vez dentro, nadie supo cómo ni vio por dónde pero, el viejo… desapareció. Nadia me miró sorprendida, lo vi en sus grandes y hermosos ojos color violeta, en esos instantes también aterrorizados. Nunca me había visto así, «claro que hasta la fecha no sabía que yo estaba enamorado secretamente de ella y que por miedo a perder la amistad que nos unía, no me había atrevido a confesarle mi amor». No, ella nunca me había visto con tanta fortaleza y determinación, ni en sus mejores sueños. Los demás ni protestaron, sencillamente entraron y se acurrucaron frente a una vieja y destrozada escalera la cual,  seguramente, alguna vez habría llevado a un piso superior, tal vez hacia el campanario, ahora apenas conservaba tres o cuatro escalones. Los miré con firmeza y decidido. Blasco, estaba sentado en el primer escalón, temblaba como una hoja al viento y mantenía un gesto claro de incredulidad y pavor en su joven rostro. Su cabello rubio apenas era ahora una negruzca capa de hollín y lodo, y sus ojos marrones brillaban afiebrados, a un punto de la locura. Jorge, a su costado, no estaba en mejor estado que él, pese a tener un par de años más, estaba curtido y… era moreno. Blasco contaba con veintitrés años y Jorge con unos veinticinco aproximadamente. Los dos eran sanos y fuertes, atletas y no precisamente de gimnasio. Aunque ahora solo parecían niños asustados.
—¡Samuel! —escuché gritar horrorizada a Nadia, interrumpiendo mis pensamientos y haciendo que me girara vertiginosamente hacia el lugar de donde provenía su grito. Estaba junto a un ventanuco tapado por recias maderas pero éstas ya contaban con claros síntomas y muy severos de putrefacción, miraba afuera con los ojos des-encajados de terror, por una estrecha rendija de unos diez centímetros de alto por cinco de ancho, sus dientes entrechocaban entre sí al girarse hacia mí y hablarme.
—¡Samuel!  ¡Samuel! Dios… no saldremos vivos jamás de aquí, ya… ya vienen, están ahí fuera… y Adrián, nuestro Adrián… los viene guiando. Me aproximé a ella y la aparté abrazándola con cariño, estaba tranquilo, “algo”, no sabía el qué, me había cambiado, por extraño que pudiera parecerme hasta a mí, no tenía miedo… ahora sabía que no iba a consentir que nadie más muriera, todavía no sabía cómo lo haría pero esa seguridad me hacía estremecer… de orgullo.
Lo que vi por aquella rendija me lo confirmó… los ojos amarillos de Adrián, ¡Dios…! ahora sí lo entendía todo, Adrián, nuestro fuerte, audaz y valiente amigo, no fue jamás humano... ¡era una máquina!


Este relato forma parte de mi colaboración, junto a diversos autores, de la novela fantástica “EL AMO DE LA ISLA”. Siguiendo este enlace podréis descargárosla entera y… GRATIS. 
Posted by Frank Spoiler 11:01:00 No comments


Andrés casi sufrió un infarto, lo que tanto temía había ocurrido, su querida amiga Mar estaba en peligro, su vida pendía de un hilo y solo él tenía en sus manos la clave para salvarla. Miró de soslayo a su amada Brigitte… «¿Qué podía hacer?», se preguntaba. Se solazó mirándola, ella, quieta, observaba como él lentamente, con una sola mano, no dejaba de acariciar cada centímetro de su aterciopelada piel mientras veía que con la otra, sus dedos la iban desnudando. Beso a beso, suspiro a suspiro, resbalaba al suelo cada pieza de ropa. Él no quería pensar en otra cosa que no fuera en hacerle el amor, la deseaba tanto.  Ni siquiera saber que su mejor amiga había sido raptada por Andrea de Martino, el mafioso esposo de su querida amante Brigitte, y que estaba en severo peligro, era capaz de parar su des-enfreno.
Hábilmente, sus dedos, fueron desanudando cada botón o nudo de tela que dejaba caer silenciosa al suelo, incluida su minúscula y perfumada braguita negra… dejando al fin su cuerpo, bronceado y húmedo, desnudo, temblando, además de convulsa y agitada, tiritando de placer, a merced de su boca, de su sexo y de sus labios. Andrés se tumbó a su costado, junto a ese ardiente y explosivo cuerpo de mujer juguetón y cálido. Lo llevó a tal estado de excitación y calentura que se le hizo difícil o imposible poder controlar sus impulsos de lanzarse y poseerla.   Andrés sé sentía ardiendo... sus manos se asemejaban ya a un lanzallamas, así parecía sentirlas ella, notaba cómo se le erizaba todo el vello de la piel, se quemaba,  sus gemidos eran gritos que no quería ocultar. Andrés se embelesó observándola por un instante y lo corroboró, lo deseaba tanto como él. Pero no se dejó vencer por la tentación y se bebió sus suspiros, bajando y lamiendo con su lengua ansiosa el canal humedecido de sus senos.
Andrés se dejó atrapar por el ardiente impulso de morder las dos diminutas y jugosas fresas de sus pezones, que le llamaban a gritos pidiéndole sin reservas su húmeda caricia. Brigitte también quiso jugar, separando sus muslos y dejando a la vista su excitado y fluvial sexo, convertido, por obra y milagro del deseo, en un cenagoso y adictivo pantano de lujuria. «Quizás mañana ya no estuviera vivo», pensó angustiado pero,  solo fue un instante. Creyó haberlo sentido todo en un segundo, o al menos ese fue el tiempo que pensó le había dedicado «a soñar despierto en cómo le hacía el amor a su amada por última vez».
¿Qué sucede cariño? Rompió su ensoñación Brigitte.
Tu esposo tiene en su poder a Mar dijo Andrés mirándola con mucha tristeza y rabia, rabia por lo que podía haber llegado a ser y que él sabía que no podría ser. ¡Tenemos que irnos, debes volver con Andrea de Martino!
La angustia, el dolor y la desesperación pensando en su amiga, en Brigitte y en todo lo que iba a perder hicieron que tirara de ella bruscamente sin darle mayores explicaciones y haciendo que la francesa diera un gritito de susto y se llevara con miedo su mano izquierda a su vientre, rompiendo a llorar, como si algo en su interior se hubiera roto en mil pedazos. Ella tampoco entendía por qué su marido actuaba con tanto descontrol, no era común en él.

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Mar estaba confusa, todo había sido muy rápido, en menos de media hora se encontró encerrada y maniatada en manos de sus captores. Eran al menos cuatro hombres, uno de ellos, el que hablaba en esos instantes con su raptor, le recordaba a alguien, aunque en ese instante no pudo cerciorarse del todo. Minutos más tarde lo recordó, ¡era Andrea de Martino, el esposo mafioso de Brigitte! el mismo que había jurado matarla si su amigo Andrés no dejaba en paz a su esposa. Mar se puso a temblar y a pensar en cómo había llegado hasta allí… echó la memoria hacia atrás pensando en lo idiota e inocente que había sido al secundar y seguir a Andrés después de saber de las amenazas.
Recordó haber estado observando a su amigo Andrés mientras desaparecía por aquel callejón cercano y que, tras unos pocos minutos, que le parecieron horas, los vio a los dos enlazados por la cintura  corriendo alegremente para protegerse de la lluvia que caía silenciosamente mojándolos a ambos, y a ella también, que los miraba silenciosa con el corazón destrozado. Fue entonces, al volverse y dar unos pasos para retirarse sintiéndose derrumbada, que apareció aquel hombre de entre las sombras que la agarró fuertemente con un solo brazo por la cintura mientras que con la otra mano le tapaba la boca, evitando así que pudiera gritar para pedir auxilio. Todo fue muy rápido, la empujó dentro de un vehículo y tras un trayecto corto, allí estaba, en manos de aquellos desalmados. Un empujón y una sonora bofetada la sacaron de su abstracción haciéndole dar un grito de miedo y dolor: ¡Ahggggg! ¡Andréssssssssssssssssssss!

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Un par de ojos grises sí vieron lo sucedido desde el otro lado de la calle y observaron curiosos y con suma atención cómo en un furgón negro marca Mercedes Vito, con los cristales tintados, bajaba un musculoso y peligroso individuo, lo reconoció enseguida, era Andrija Dubravko, antiguo capitán de las fuerzas armadas croatas y actualmente matón y mano derecha de Andrea di Martino. Una vez fuera, éste se quitaba el escucha del oído izquierdo y salía con parsimonia del furgón, mientras, Mar caminaba totalmente abstraída en su tristeza y rabia. El par de ojos pudo ver como nada pudo hacer la joven cuando el robusto brazo de Andrija la agarraba fuertemente por la cintura y su férrea mano tapaba su boca de hermosos labios rosados. La muchacha no tuvo tiempo de reaccionar, todo fue muy rápido y la oscuridad invernal ayudó a su captor a llevar a cabo la fechoría. Con mucha rapidez, Andrija Dubravko recorría de nuevo los escasos metros que lo separaban del furgón negro y abriendo la puerta corrediza derecha la empujó a su interior sin mayor miramiento, cerrando seguidamente y poniéndose al volante para salir disparado de allí. De poco sirvieron los gritos de Mar, al estar en marcha, con los cristales de las ventanillas tintadas y cerradas, y la velocidad que llevaban, nadie salvo él, pudo verlo y escuchar sus desesperados gritos.

  
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Un poco más calmada, aunque lívida y angustiada, agotada de tanto gritar.
— ¿Quién es usted… y qué quiere de mí…? —preguntó Mar angustiada—.Yo soy una trabajadora, no tengo dinero ni lo tiene mi familia… ¿Qué es lo que busca? ¿No buscará de mí… —tragó con dificultad saliva al pensar con temor que aquel energúmeno buscara violentarla.
—¡Calla estúpida! —Gritó Andrija, se giró sin soltar el volante,  mirándola con desprecio—. ¿Acaso te crees que te voy a violar? Todavía tengo buen gusto. Soltó una carcajada desagradable mientras abría la ventanilla y escupía al exterior. Después sacó un móvil del bolsillo derecho de su chaqueta y, tras marcar,  habló:
—Jefe, la tengo.
Al otro lado se escuchó la empalagosa voz de Andrea de Martino.
— ¡Tráemela enseguida! Le daremos una lección a ese niñato estúpido que no va a olvidarse jamás. Verás como a partir de ahora respetará la propiedad ajena. ¡A mí nadie me roba lo que es mío sin pagar antes por ello! —El enorme grito (o berrido) que soltó Andrea de Martino casi deja sordo a Andrija, que tuvo que apartar de su oído el móvil con desagrado, e hizo estremecer de pavor a Mar.
Ya llegará mi turno se dijo entre dientes Andrija mientras rechinaba los dientes y pisaba el acelerador a fondo.

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Todo esto lo vio aquel  hombre de ojos grises, en ese instante, duros y acerados, de unos cuarenta y cinco años, alto y corpulento y de cabellos canos, que tomó buena nota de todo. «Tranquila amiga mía», masculló para sí pensando fugazmente en su sonrisa, sus gestos y viendo el furgón con la joven en su interior desapareciendo a toda velocidad por la desierta avenida. «Te prometo que no consentiré que te ocurra nada malo, te lo prometo pequeña…». Juró para sí mientras soltaba un exabrupto e iba raudo hacia su auto.



Este relato fue mi participación, junto con varios colegas y amigos en Anaquel Live 2. Os podréis descargar la novela GRATIS íntegra siguiendo este enlace. El peligro de amar, publicación Anaquel Live 2. También participo con ella en el taller literario online de Indies-FlemingLAB Taller de escritura & Comunicación de Juan Re Crivello.