Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 20:24:00

Juan caminaba a pasos rápidos por la calle empedrada, era noche cerrada y estaba asustado, las calles estaban desiertas, sin un alma, apenas pudo divisar una o dos ventanas semicerradas con algo de luz, por lo demás, ni las viejas farolas estaban encendidas (supuso que por cosa de los gamberros que las rompían una y otra vez). Tenía mucho miedo, sabía bien que desde el mismo momento en que denunció al alcalde tenía las horas contadas. Pero no caería solo. — pensaba con determinación —. Mientras caminaba raudo sin mirar atrás sujetando fuertemente el maletín oscuro y de piel que llevaba bajo el brazo derecho. Quiso echar un “vistazo” hacia atrás, al día que decidió acabar con la corrupción en el ayuntamiento donde prestaba sus servicios como administrador.
No pudo “ir” muy lejos, justo cuando cruzaba la calle Balmes, a la altura del número 69 y esquina con Sebastian el Cano, fue agredido por dos jóvenes, uno de ellos muy alto y corpulento, al contrario que su compinche que era muy delgado y bajito. Los dos estaban rapados, llevaban chupa de cuero (pese a estar en el mes de agosto) y usaban amplios pañuelos al cuello, que les tapaba gran parte de sus rostros. Parecían estar borrachos. Los dos, al grito de ¡maricón de mierda! Saltaron sobre Juan y le dieron de puñetazos y patadas hasta que le dejaron sin conocimiento, seguidamente uno de ellos, el más corpulento y alto, sacaba un punzón muy afilado de veinticinco centímetros (parecido al que usan los zapateros para coser zapatos) y, sin pensarlo, se lo metió salvajemente por el oído derecho a Juan, haciendo que éste tuviera una fuerte sacudida eléctrica para, al instante, dejar caer el cuerpo lánguidamente y quedar definitivamente muerto, sin un solo quejido.

  • ¡El maletín! — gritaba el corpulento a su compinche — ¡cógelo, rápido! — azuzó mientras él cargaba con el cuerpo exánime de Juan a sus espaldas y echaba a correr. Su compinche lo siguió en silencio y jadeante (no parecía ser muy ágil). A poco más de cien metros se detuvieron en una casa en construcción cerrada por un fino muro de ladrillos y con una valla de metal como puerta con un ligero candado que, el bajito, sacando de su bolsillo posterior del pantalón una pequeña cizalla, cortó con gran facilidad, entrando los dos seguidamente.
  • ¡Vamos rápido, échale abajo! — El bajito se refería a uno de los profundos surcos hechos para los cimientos de la casa y que mostraban ya preparado su “cuerpo” de ferralla que compondría los cimientos de hormigón de la casa.
  • El más corpulento se deshizo del cadáver con un brusco movimiento del hombro derecho, quedando el pobre Juan “empalado” en dos de los hierros que sobresalían de los otros y que serian la base de uno de los futuros pilares de aquella casa en construcción. El compinche hizo lo propio con el maletín que quedó algo más abajo del cuerpo.
  • ¡Vamos enchufa la hormigonera — ordenó el bajito con voz ronca.
    • ¡Tíralo todo, chaqueta, la calva de silicona, el punzón, pañuelo, todo! — decía mientras él hacía lo propio.


  • Una hora más tarde y tras haber cambiado el candado por otro idéntico, los dos asesinos desaparecían sin dejar rastro. No sin antes echar un vistazo al enorme letrero que tenía puesto en la valla delantera, con una sonrisa que hubiera helado la sangre a cualquiera
  •  y que ponía en letras mayúsculas y pomposas: FUTURO Y MUY HONORABLE AYUNTAMIENTO DE PU` YOLADA.