Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 13:31:00


Han pasado cinco años “cinco años huyendo”. Recibiendo palos, redistribuidos todos ellos por cada poro de mi piel. Pero, antes había sido peor; cuando era él, quien me pegaba y maltrataba, por eso huí, una noche cualquiera, en la cual tuve (al fin) valor para escapar, huir de esa mala bestia. Dicen, los que le conocen; que aún me busca y que ha prometido marcarme la cara «cómo si no tuviera ya sus huellas impresas a fuego sobre mi, antaño, satinada y fina piel de mujer lozana y hermosa». Claro que, ya no, a mis “solo” veinticinco años, mi piel era ya un pedazo de cuero ajado y agrietado por mil lugares diferentes. Cinco duros y angustiosos años desde que me decidí por la vida, desde que rompí con una vida aborregada, dócil y sumisa y me embarqué en lo que, a día de hoy, es mi autentica vida...
Me busca... bien, es hora de acabar con la huida, hora de arrancar por fin de mi pasado esa cruel imagen del miedo, del horror vivido y padecido.
Entré en aquel bar, “hacía cinco años que no entraba”, pero estaba igual, nada había cambiado allí, hasta sus clientes eran los mismos, borrachos, mugrientos y asquerosos. Me apoyé en la barra y pedí una botella de ginebra, que me puso el gordo y seboso barman sin rechistar.

Sin destapar la botella me giré y eché un vistazo al apestoso bar. Lo vi al instante en aquella mesa esquinera del bar, la misma, “donde tantas noches él me había humillado llamándome inútil o perra infiel”, y allí mismo, delante de sus “amigos”, tan vacíos e imbéciles como él, me había marcado a hostias la cara, sin importarle humillarme delante de aquella pandilla de borrachos.
Esta vez iba a ser “diferente”. Cinco años de luchas en la calle dan para mucho, las calles eran una selva pero yo no era ya una simple “Jane”.

Se levantó al verme con parsimonia, con esa seguridad y sonrisa despreciativa que tuvo siempre en su carnosa boca «la que antaño, sí, me derretía y me volvía loca». Rodeó la esquina de la mesa y se plantó ante mí. Extendió la mano izquierda y me levantó la barbilla. Justo el instante en que yo elegí para agarrarle con fuerza su mano, retorcérsela con con violencia, obligándole a agacharse de rodillas, al tiempo que cogía la botella de ginebra y se la estrellaba en su ampulosa y asquerosa cabeza rompiéndosela en dos partes. No en vano yo era en la actualidad la nueva “tarzán” de esa selva en la que se habían convertido las calles. Yo, era una luchadora invencible, con más de cincuenta “peleas” ganadas a pie de calle. Claro que eso él no lo supo nunca. Salí del bar tan campante como había entrado. No, ya no tenía miedo ni volvería a tenerlo jamás...