Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...


Año 2023 DC. El miedo recorre las calles, la última incursión de los alienígenas, ha dejado un balance de más de diez mil muertos, casi cien mil heridos y mucho más de un millón de familias que se han quedado sin hogar. La desesperación y el pánico se han apoderado de los moscovitas. Continuamente miran al cielo esperando otro ataque de los “Nirboos” (cómo ellos mismos se hicieron llamar la primera vez que se pusieron en contacto con el presidente Ruso Vladimir Horowitz). Ahora Moscú apenas es una ruina, edificios tan emblemáticos cómo el (antiguo Lenin) y ahora Estadio Olímpico Luzhniki; la estación ferroviaria Kievski o el histórico Hotel Pekín, la Universidad Estatal de Moscú, varios puentes sobre el río Moscova e inclusive multitud de edificios circundantes. Un autentico horror. La ciudad solo es un amasijo de polvo, piedras y hierros retorcidos. Solo un edificio importante queda en pie... el Kremlin y todo lo que compone la llamada “plaza roja de Moscú”, nadie sabe el por qué... Algunos ciudadanos que se han preocupado por averiguar los motivos, saben que, en diversas ciudades del mundo está sucediendo lo mismo, lo único que está quedando en pie son los palacios presidenciales o sedes gubernamentales. Los más desconfiados están empezando a pensar si los “Nirboos” no serán en realidad máquinas de guerra fabricadas y utilizadas para destruir a los más desfavorecidos y crear una nueva raza alienada al poder. ¿Qué pensar sino? Ahora ya nadie se preocupa de quienes los gobiernan, nadie se preocupa de elecciones o de crear partidos políticos o, incluso, ya nadie se ocupa de si hay corruptos o no. Los moscovitas solo se ocupan de sobrevivir... como estarán haciendo los demás seres humanos en cualquier parte del mundo. La tierra se ha convertido en una enorme tumba, donde los gobernantes se han convertido en sus sepultureros.