Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...

Clavó por enésima vez su cuchillo de carnicero en el cuerpo de aquella inocente joven, su cuerpo, joven y hermoso, agujereado literalmente, sangrando por las heridas abiertas  como si fuesen manantiales  por dónde, rápidamente,  se le escapaba la vida, formando  ésta un enorme charco de sangre sobre las losas sucias del suelo.

«Cuando la joven vio a aquel hombre de abundantes canas blancas, barba de igual color, sonrisa amigable y ojos azules limpios y cristalinos, pensó que estaba ante el mismo Dios».

Sin duda lo fue pues, en sus manos confió su vida.

Ella que, inocentemente, se vio deslumbrada y  engañada para entrar en su furgón blanco dónde lucía un grandioso letrero en letras azules que decía; “Os llevaré ante la luz”.

Sin duda, la joven, no sería la última víctima en una larga y extensa lista en querer… ver la luz.

Almas inocentes que aún creen en un hombre de barba blanca, de ojos azules, limpios y cristalinos…