Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...

Cuando Nick se pudo dar cuanta de lo que estaba pasando, ya era tarde, dos robustos muchachos, de aspecto de pasarse horas en el gimnasio, lo estaba sacando bruscamente del vehículo, —aparcado en una boscosa zona, lejos de las miradas curiosas de la gente—; donde hasta ese mismo instante estaban practicando, muy emocionados, sexo con su novia Lucy, la que, por cierto, no parecía haberse enterado de nada pues no hizo ni un solo gesto de gritar o levantarse. Nick, pudo ver, antes de que le empezaran a llover golpes por todos lados, cómo Lucy se quedaba petrificada (parecía ida o drogada), incapaz de moverse del interior del auto. No fue sino cuando vio la tremenda paliza que le estaban dando a su novio cuando, por fin, pareció reaccionar y empezó a dar tremendos gritos. Alguien, salido de a saber dónde, la agarró por el pelo y jaló de ella por la ventanilla abierta sacándola sin mayores contemplaciones, provocándole, eso sí, serios desgarros en la piel.

Nick no pudo ver más pues perdió el conocimiento.

Cuando Nick abrió los ojos lo primero que vio fue a su novia, desnuda y de espaldas, tumbada sobre lo que parecía una especie de caballete tosco, mostrando su poderosa trasera anatomía, parecía estar inconsciente, aunque no lo podría asegurar. Lo segundo que vio fue a uno de los muchachos, parecía ser el que que mandaba en el resto pues al verlo abrir los ojos lanzó una burlona carcajada mientras sentenciaba, era muy alto, bronceado y moreno, vestido tan solo con una liviana camiseta azul, de verano, sin mangas y unos shorts de color beige, enseñando así sus poderosos músculos, biceps, triceps. Parecía estar muy orgulloso de ellos, sus ojos eran azules y grandes, tenía pinta de ser un chico sano, vamos que no le pareció a Nick el típico maleante o gamberro sin escrúpulos, aunque los hechos no daban lugar a dudas, y a las pruebas se remitía- pensó apenado.

Muchachos, mirad quien despertó— dijo el moreno, mirando burlón a sus tres compinches, tan corpulentos y jóvenes como él—. ¡Despertar a la chica, vamos a continuar con la diversión—conminó a sus compañeros con una nueva carcajada, esta mucho más maléfica, según pudo atestiguar después Nick.

Lo siguiente que tuvo que presenciar Nick, sin que pudiera hacer ni un solo gesto “lo tenían muy bien atado y sujeto contra un grueso árbol, además de completamente desnudo y vapuleado”, Fue cómo uno tras otro violaban y golpeaban sin compasión a su chica.
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Era horrible tener que contemplar aquello sin poder hacer nada ¡era una maldita salvajada! 
Del dolor y la desesperación Nick volvió a perder el conocimiento. 

Despertó después de sentir cómo le echaban agua en la cara (al parecer de una garrafa que sacaron del maletero de su propio coche, un opel kadett de color azul), pues reconoció la garrafa como suya.
Lucy apenas pudo girar el cuello y mirarlo desde aquella postura imposible, mostrándole su tumefacto rostro, golpeado con saña por sus captores sin escrúpulos. No parecía tener fuerzas para más. De entre sus glúteos, a Nick le pareció ver un hilo de sangre ya seca.

¡Malditos hijos de puta, dejarla a ella en paz, cabrones!—tuvo aun fuerzas para gritar, masticando las palabras. La respuesta fue una tremenda patada en sus partes que le arrancó un aullido que habría ahuyentado a los propios lobos salvajes (si es que hubiera visto por allí).

Ya no pudo hacer más, salvo seguir mirando impotente con los dientes apretados lleno de rabia. No se quiso perder nada, necesitaba verlo, grabárselo a fuego en la memoria pues, sí lograba salir de aquello con vida los iba a matar uno a uno de la manera más atroz que pudiera imaginar.
Uno a uno fue viendo como la violaban sistemáticamente, desoyendo los ¿gemidos? Lloros, lamentos y quejidos de la pobre chica... nada comparado con lo que le esperaba a él.


Había risas, suspiros, hasta jadeos de alguien que parecía estar satisfaciéndose solo, viendo la terrible y espantosa escena en aquella televisión plana de LED de lo menos cien pulgadas. En ella se veía claramente la sodomización de un joven de unos veinte años por tres tipos, pero no eran con sus penes, no, le estaban introduciendo distintos y extraños objetos, todos ellos de forma alargada, “a veces monstruosa” por el tamaño enorme, de forma cilíndrica, más bien parecían “juguetes sexuales”, el susodicho joven se sacudía con tremendos espasmos de dolor, no parecía quedarle fuerzas para gritar, solo sollozaba «o lo parecía».
¡Hijos de puta cómo os pasasteis conmigo y con Lucy! —miró a su izquierda, Lucy estaba sudando y jadeando como una zorra, se estaba masturbando contemplando fijamente las imágenes donde se le podía ver a él, maniatado y desnudo, siendo ¿violado? por aquellos muchachos y sus cilíndricos objetos.
No te quejes tanto chaval, que no fue nada—Dijo soltando la risa el muchacho alto y moreno, el que supuestamente era el jefe de la pandilla y que en realidad lo era y se llamaba, (o le llamaban), Drack. Giró la cabeza y sus ojos azules observaron atentamente a los muchachos y muchachas que se divertían en la sala, olvidados de todo. Había lo menos veinte, entre muchachos y muchachas, todos más o menos de la misma edad y condición, seres a los cuales se les había dado todo y por ello precisamente, estaban aburridos de la vida, cansados de no hacer nada y sedientos de diversión, fuesen del tipo que fuesen y costara lo que costara (para ellos no era ningún problema). —Mira chaval, el próximo fin de semana, “los cazados” serán Seft y Molly y tu estarás entre los cazadores, ¿qué te parece Nick?