Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
La frase elegida para este mes de octubre es la siguiente: La persona que había al otro lado era una mujer joven. Muy obviamente una mujer joven. No había manera posible de confundirla con un hombre joven en ningún lenguaje, especialmente en braille. ­– Terry Pratchett – Mascarada


La persona que había al otro lado era una mujer joven. Muy obviamente una mujer joven. No había manera posible de confundirla con un hombre joven en ningún lenguaje, especialmente en braille. Tenía unas tetas demasiado impresionantes, vamos que ni ciego ni mediante el tacto, se la podría llegar a confundir jamás con un hombre. Además tenía una frondosa y ondulada cabellera rubia, ojos azules, color mar al romper sus olas contra las rocas, y unos labios “rojo sangre” brillantes y de impacto, (a mi me impactaron en salva sea la parte) de su talle y caderas... mejor no hablar (se me caería la baba y no es plan). Pues bien, esa diosa griega estaba allí, frente a mi, separados tan solo por mi destartalada mesa de despacho, mirándome fijamente, arqueando su graciosa ceja derecha acabada en punta y con una ligera sonrisa en sus sensuales y explosivos labios. Se estaba carcajeando de mi, sin duda, (un viejo barrigón de tripa floja y además, impotente desde que cometiera el error de casarme con una bruja).



    — ¿No me ofrece asiento, detective Job? — sonrió iluminando el despacho. En realidad no me llamaba “Job” ni por supuesto era profeta, pero no me importó, ella me podía llamar como le viniera de las tetas, (ejem, perdón, me dejé llevar.— Cerré la boca de golpe).

      — Perdone... tome asiento — señalé a la única silla que había y que estaba delante de la mesa. No me hizo puñetero caso y balanceando su prieto trasero puso parte de él (y era mucho) sobre uno de los picos de la mesa (me recordó al “Gran Wyoming”en uno de sus lances divertidos en su programa “el intermedio”. Me lo quité de la cabeza
      sacudiéndola  enérgicamente).
      .
      — Vengo a contratar sus servicios — dijo moviendo sugestivamente los labios. -me relamí- antes de contestar — .Ya me imagino... — contesté irónicamente — no creo que estés aquí solo para pegarme un “polvo”. (Y no sabía ella lo que me hubiera gustado).

    — ¿Ya te gustaría, verdad, chato? — soltó una burlona carcajada. (Que a mi no me hizo ni puta gracia esa es la verdad). En ese preciso instante me desperté, estaba recostado en el sillón, en calzoncillos, la botella de whisky DYC  vacía en la mano,  jadeando, desesperado, además de sudoroso y... con un dolor horrendo de huevos . Fijé la vista al frente mirando hacia la puerta del despacho, luego eché un vistazo rápido por la pequeña y vieja oficina, comprobando que, efectivamente, todo había sido un sueño, (¡un puto sueño!) me maldije entonces en voz alta, con la voz aguardentosa y apestando a whisky barato; ¡Mierda de tío, ni en sueños consigues ligar, y mucho menos consigues follar! Me volví a maldecir de nuevo gruñendo y llevándome la grasienta mano a la entrepierna.