Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler in , , , , , , , , , , , , | 19:33:00

Ilustración de Olga Artigas

Marcos no era un niño normal, tenía el poder de salir de su cuerpo y vivir fuera de él durante largo tiempo. Tomaba de la fuente infinita de la existencia, cuanto necesitaba y quería. Y era tan poco lo que necesitaba….
Durante sus “viajes” fuera de su cuerpo, dedicaba todo su tiempo a ayudar a otros niños que vivían encerrados en los suyos. Niños que se mantenían presos, sin quererlo, en un cuerpo débil y enfermo. No. No tenían su suerte. Claro que ellos, no recibieron la visita que él recibió el mismo día en que le comunicaron su enfermedad y lo dejaron en una fría estancia de un hospital.  «Porque por mucho amor que nos den y cariño… un hospital, siempre será frío e inhóspito.  En Ese día, el más infeliz de su corta existencia tenía tan solo once años, fue también el más feliz de su vida.

― Marcos, despierta, despierta, Marcos…― La voz fue entrando como un soplo de viento a modo de susurro en la mente de Marcos. Mientras iba abriendo los ojos.
Marcos pasó la mirada por toda la habitación intentando dar con el dueño de esa voz, sin éxito. Era extraño, pensó, «esa voz… la siento muy cerca, sin embargo, a parte de mis padres, sentados junto a mí cabecera… ¡no veo a nadie más! ¿Estaré soñando?».
― No, Marcos… no sueñas, mira―. En ese momento se le apareció el rostro de un niño, no aparentaba tener más de once o doce años, sus ojos azules, le parecieron a Marcos muy hermosos y llenos de vida, le sonreía de una manera muy divertida, al menos así se lo pareció a Marcos, en aquel momento.
― Ven…― le dijo estirando su mano para ayudarle a levantarse. Marcos lo miró impotente y a su vez le hacía gestos al niño para que lo mirara mientras murmuraba desesperado.
― ¡No ves que no puedo…!― casi gritó, desfallecido por el esfuerzo en levantarse.
― Marcos, no debes de preocuparte por todos esos tubos y cables que te recorren de parte a parte todo tu cuerpo, no los mires siquiera, ven…― Volvió a darle su pequeña mano.
No supo muy bien por qué le hizo caso, pero Marcos se agarró fuertemente a la mano que le ofrecía aquel extraño niño de sonrisa dulce y divertida y… con sorpresa vio como su cuerpo le respondía y… saltaba de la cama.

― ¿Cómo es posible…?― Se sorprendió preguntándose a sí mismo.
― Mira, vuélvete, Marcos― le decía a la vez que le señalaba con el dedo índice a sus espaldas.
Marcos casi se cae de espaldas al volverse… allí estaba él, lleno de tubos y cables, dormido y con sus padres durmiendo uno a cada lado de su cama. Iba a preguntar, cuando, aquel niño, se llevó el dedo índice a los labios y le pidió silencio.

― Shhh… calla, mejor te lo explicaré después, ven, agárrate a mí― Le dijo volviendo a ofrecerle la mano.
Fue solo un segundo, o al menos así se lo pareció a Marcos, que aparecieron de repente en medio de un parque precioso lleno de atracciones, luces de todos los colores, unos enormes árboles cargados de una surtida variedad de bolas de navidad y luces alrededor, y, dando vueltas sin parar, niños de todas las edades corriendo, saltando y riendo muy felices, no parecían tener mayor preocupación salvo divertirse y disfrutar, pero, no fue eso lo que sorprendió a Marcos, no, que unos niños sanos y fuertes corrieran, saltaran o gritaran en medio de risas y felices, no era nada raro, «para eso eran niños» pensó. Lo extraño era que… no había ni un solo adulto vigilando o controlando a esos niños. Estaban solos. Y eso a pesar de que había algunos que eran prácticamente bebes… Nadie, ni un adulto.
― ¿Dónde… dónde estamos?― Tartamudeó Marcos.
― Marcos, ¿aún no sabes quién soy yo?― lo miró aquel extraño niño de ojos azules, con una amplia sonrisa.
Marcos lo contempló curioso, no, no le parecía conocido, aunque había en él “algo” que le parecía familiar, aunque no lograba identificar el qué.
Viendo que no lograba identificarlo, el niño le dijo con una dulce voz.
― Marcos… soy tu hermano― Lo miró para observar su reacción.
― Tony…― balbuceó, apenas en un susurro.
― No. No, es imposible, mi hermano murió hace dos años― negaba repetidamente con la cabeza sin querer creerlo.
― Él tuvo la enfermedad antes que yo, dijeron que era genético, que en los genes de mi familia existía desde hace generaciones en los varones, que nunca lograron salvar a ninguno de mis antepasados, que solo las mujeres logran sobrevivir, ellas nunca pillan esta enfermedad.
― Es cierto, Marcos, todo lo que dices es cierto, salvo en una cosa; No es cierto que la enfermedad nos mate…― Tony sonrió al ver la cara de sorpresa y de incredulidad en el rostro de su hermano.
― Nos transformamos, hermanito. ¿Me ves?― Dio una vuelta sobre sí mismo.
― ¿Tú me ves muerto o enfermo? Y no, no estás soñando―, le soltó al ver su cara de asombro.
― Desde generaciones, los varones de nuestra familia son los encargados de todos los niños que sufren y padecen en este mundo, niños desamparados, enfermos, golpeados por sus padres, o por extraños, es igual, para nosotros son todos iguales, indefensos. Y es por esto que fuimos reclutados por los ángeles para velar por ellos. ¿Qué mejor manera de hacerlo, que fuera otro niño como ellos quienes velaran e hicieran de sus desgraciadas vidas, una vida feliz?
Pero todo tiene su fin, Marcos, mi ciclo ha concluido, ahora debes de ser tú quien cuides de todos ellos. No, no me mires así, no pienses que es una obligación muy difícil de cumplir, créeme, te divertirás tanto como ellos, son maravillosos y muy generosos, ellos te harán muy feliz, a la vez que tú los haces felices a ellos.
― ¿Pero, cómo, yo no sé…?― Contestó preocupado de lo que se le venía encima, si hacía caso de su hermano.
― Tranquilo, Marcos, es muy fácil, ¿viste lo que hice yo contigo? ¿Cómo llamé tu atención y te traje aquí? Pues debes de hacer lo mismo, debes ir habitación por habitación y traerlos a todos aquí, eso sí, cuando llegue la noche.
Sobre todo asegúrate que sus padres duermen. Los niños cuando juegan y se divierten no pueden evitar que sus cuerpos vacíos de sus almas se agiten, son tics que no se pueden evitar y eso puede ser causa de preocupación de sus padres con el consiguiente riesgo de que llamen a los médicos y estos vengan a despertarles artificialmente―. Sin darle tiempo a reaccionar, Tony abrazó a su hermano Marcos al mismo tiempo que le decía;
― Me reclaman ya, hermanito, debo marchar― Marcos vio como su cuerpo empezaba a desvanecerse mientras le gritaba desesperado.
― ¡Tony! ¡Tony! ¿Y ahora qué debo hacer?―. Apenas quedaba visible el cuerpo de Tony y le pudo escuchar decirle;
― Escucha a tu corazón hermanito, te quierooo―, la voz se difuminó como un lejano murmullo, dejando triste y confuso a Marcos.


Empezaba a nevar pero, cosa extraña no hacía frío y los copos de nieve… no mojaban.
Entonces fue que se acordó, ¡era navidad! Tan preocupado por todo lo que le contaba su hermano no se había acordado ni dado cuenta de toda esa cantidad de luces de muy variados colores que estaban por todos los árboles y atracciones del parque. Hasta empezó a escuchar alegres villancicos acompañados por panderetas y tambores. Y sintió tanta alegría que olvidó todas las preocupaciones y se dio cuenta de qué tenía que hacer. Claro, ir a buscar a todos esos niños que como él, guardaban cama en los hospitales, en casas donde se les trataba mal, y en las calles dónde muchos de ellos malvivían. Desde entonces, muchos niños les contaban y pedían a sus padres al despertar por las mañanas que no lloraran ni fueran infelices por ellos, que durante la noche, un niño, muy sonriente y feliz, se los llevaba a un parque lejano dónde pasaban horas y horas jugando y siendo, durante todo ese tiempo, niños sanos y muy felices.
Y lo más extraño todavía, esos niños, TODOS, además de recuperar la sonrisa, recuperaban también la salud y días más tarde, de su escapada nocturna, abandonaban el hospital totalmente recuperados de sus enfermedades.
Aún hoy día muchos padres se sorprenden cuando al despertar por las mañana, sus hijos les miran sonrientes, con una felicidad y una esperanza en sus rostros nunca antes vista por ellos.





La felicidad de nuestros niños vive también en nosotros, no la tiréis al crecer, guardarla en vuestros corazones pues, un día, vuestros hijos la necesitarán para vivir.