Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 23:08:00

Nunca se podría haber imaginado, Santos, cuando decidió darle un pequeño susto a uno de sus amigos, que aquello iba a resultar catastrófico, para su amigo y cómo no, para él. (Desde luego si lo hubiera sabido, ni loco, toma esa decisión).
Lo encontraron donde sabía bien Santos, que solía estar a esas horas, el “barrio del Carmelo” «no precisamente un barrio muy recomendable». Justo fue eso lo que llevó a Santos, a planear y perpetrar tal “broma”. El barrio, con tanta delincuencia y tanto drogadicto, era perfecto para tal “susto”, estaba seguro que su amigo se iba a reír muchísimo cuando una vez dado el susto, le dijera la verdad. Y se descubriera que todo fue una broma.
Sin embargo, no le salió como a él pensaba. «No contaba con que su “compinche” se había metido unos minutos antes un “pico de heroína” lo suficientemente pura, cómo para volverlo loco, (más de lo que ya lo estaba) hecho que desencadenaría la tragedia minutos más tarde».
― ¡Loco!― gritó Santos, a su compinche― ¡déjalo ya, lo vas a matar!
“Loco” dejó de patear el cuerpo del caído y miró con sorna a su compañero.
― ¿Desde cuándo te volviste un “marica”, Santos?― soltó una desagradable carcajada, al mismo tiempo que, con la puntera del pie derecho, en una patada bestial, le hundía el ojo izquierdo al pobre desgraciado que solo pudo soltar un desgarrador grito, antes de quedar inconsciente.

«Pobre Jonás, su único error fue el decirles que no les podía dar un cigarrillo. “Por la sencilla razón de que no fumaba…”  Ahora, se encontraba inconsciente; con tres costillas rotas, un brazo, una pierna rota también por tres sitios, sin algunos dientes, y, además, con la última patada… tuerto de un ojo; ¿qué más le podía pasar?».
(Lo que no sabía el pobre Jonás, era que ninguno de los dos asaltantes… fumaba).
Santos, palideció al ver semejante brutalidad en su “compinche”.
«Ahora es cuando se empezaba a preguntar qué hacía él con semejante bestia…».
«Claro que él también era un salvaje. –Pensaba- Santos. Pero sus peleas siempre fueron de cara, casi siempre defendiendo la verdad, jamás se aprovechó de nadie, ni abusó del vencido. Esto que estaba viendo en su “compinche”, no tenía nada de pelea ni de valentía, más bien al contrario, era una paliza sin sentido, además de salvaje y muy cobarde.
Santos, comenzó a sudar, su pulso se aceleraba por momentos, una rabia sorda, casi animal, se empezaba a adueñar de su consciencia. ¿Por qué se le ocurriría comentarle al “Loco” que quería gastarle una broma a su amigo Jonás?  «Un susto». Solo quería darle un pequeño susto, para que no fuese tan bravucón pues éste siempre iba de “sobrado”, diciendo que él no le temía a nada… ni a nadie.
Ese mismo día el propio Santos lo pudo comprobar al fin, por sí mismo. Era bien cierto, su amigo Jonás, “no le temía a nada ni a nadie” y se lo demostró ciertamente ese mismo día no soltando ni un gemido o una queja, mientras Santos, le atacaba por la espalda, (para no ser reconocido) y el “Loco” se dedicaba a darle patadas una vez que cayó de bruces al suelo.
«La maldad, que habita en las entrañas del ser humano… tampoco tiene límites».
“Loco” no lo vio venir, ¿o sí? Estaba de espaldas, con el pie derecho encima de la cabeza de Jonás, dispuesto a hacérsela papilla, aplastándosela con el pie.
Desencajado su rostro de la rabia, Santos saltó como una fiera hacia el “Loco”, abriendo con un juego instintivo de la muñeca, la navaja, que había sacado segundos antes del bolsillo del pantalón. El acero brilló a la luz del sol que estaba en esos momentos en su parte más alta.  Y, cuando ya parecía querer hundirse en la espalda de él “Loco”; éste se giró veloz como una centella, esquivando el ataque que, de una manera traicionera y cobarde había llevado a cabo su “compinche” contra él.
Yendo Santos  a caer  sin poder evitarlo encima de su “amigo” Jonás, con tal mala fortuna que la navaja, abierta y bien afilada, fue a clavarse en su estómago, con pésima suerte, para el pobre Jonás que estaba de bruces en el suelo herido y agonizando de muerte.
Jonás no se movió, «estaba inconsciente y Santos, dudó de que no estuviera ya muerto, ya que ni siquiera se había movido».
El “Loco” se reía de una manera que causaba escalofrío, ni se inmutó a la hora de bajar su mano izquierda para ofrecérsela como cuerda para que Santos, se levantara.
No pudo ver Santos, que al estrechar la mano izquierda de el “Loco” éste usaba la derecha para sacar la navaja del estómago de Jonás. Hasta que fue demasiado tarde.
La navaja se hundió en el bajo vientre de Santos que, pese a todo, tuvo tiempo de reaccionar y apartarlo de su cuerpo y, hasta pudo darle una patada en los testículos a "Loco” que se quedó encogido unos segundos (los suficientes) para que Santos, en un alarde de reflejos, lo empujara contra un camión que justo pasaba por la callejuela a una excesiva velocidad pasando sus enormes ruedas por encima de “Loco”.
El sonido de carne y huesos astillados, y la imagen de su “compinche” cayendo debajo de las ruedas del camión. No se le irá jamás a Santos de la cabeza; en el pavimento solo quedaba la huella de ropa ensangrentada y resto de carne y huesos aplastados. El conductor ni paró el camión, era un lugar demasiado peligroso como para bajarse “a mirar” , debería de haber pensado el conductor- a qué leches había ha arroyado, incluso se maldijo entre dientes por su mala suerte.
A Santos, antes de expirar su último aliento, aún le dio tiempo a pensar;
«Nunca podré pedirte perdón amigo Jonás».

Escasos segundos más tarde expiraba desangrado.