Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 19:04:00

 

Marga vivía atormentada, no quería seguir viviendo así. Su marido era un maltratador y encima, estaba enfermo. Bueno, al menos esa  era la “excusa”  que ella,  (quizás para justificar las palizas). Se decía  así misma.  Porque…  (Cómo llegar a creerte que el hombre al que amas con toda tú alma y te prometió amor y "fidelidad hasta que la muerte os separe”, ¿puede ser tú torturador, en poco menos de cinco años?) ¿Cómo es posible que las cosas cambien tanto, en tan poco tiempo? Por eso es que ella, siempre quiso creer que  estaba enfermo. Y se engañaba así misma diciéndose que se iba a curar. "Y volvería a ser el hombre amante y dulce qué fue".
Pero… eso no ocurría. Y su Armando, cada vez era más cruel y la pegaba, y cada paliza, con más saña y rabia si cabe. “¡Dios!” Se decía… “¿de dónde le sale tanto odio  y animosidad hacia mí? ¿Qué le hice?”
De repente un ruido en la puerta de entrada la hizo salir de sus pensamientos al saber que su marido había llegado. Se puso a temblar.
Día sí, día también, recibía ostias por todos lados, daba igual lo que hiciera, él, siempre tenía la excusa perfecta para llenarla el cuerpo de moratones y heridas leves. No quería dejarla demasiado marcada por si, ella, por fin, se decidía a denunciar. Cosa que, Marga, jamás pensaba hacer. Lo amaba tanto que no soportaba la idea de perderle. Además, siempre se decía lo mismo para sus adentros… “ya cambiará” en cuanto den con el tratamiento adecuado… y  le den la medicina pertinente, se curará y volverá  a ser  el de siempre. Así es cómo pensaba ella. Sin darse cuenta (O no quería) qué su marido, nunca iba a cambiar. Ni siquiera   llegó jamás a  visitar al Psiquiatra recomendado por sus mejores amigos. En vez de eso, se aprovechaba y se iba de putas llegando después con una borrachera aún mayor que la que traía cada noche al volver de su trabajo. ―Era viajante de comercio ― Representaba a una importante firma de moda juvenil. Y era precisamente los días en qué ni siquiera la pedía hacer el amor… La violaba directamente. Y al día siguiente, cómo hacía siempre, lloraba, pidiéndola perdón… 
“Nunca  más amor… te lo prometo, eso no ocurrirá, no sé…. No sé que me pasó… seguramente el trabajo, el jefe que me exige demasiado… no lo sé, amor… no lo  sé” Jamás se cansaba de repetir, después de cada paliza y al despertar, las mismas excusas y Marga… lo volvía a perdonar.

Le vio  entrar  como siempre, trastabillando, con una borrachera aún mayor que la última vez.
Solo que esta vez, lo notó envejecido, su cabello negro y rizado, ahora era escaso y totalmente blanco. Su rostro estaba ajado y lleno de arrugas que le surcaban toda la cara. ¡Dios mío! ¿Qué le había pasado en una sola tarde? Pensaba, horrorizada.
Ni siquiera la miró y se fue directamente a la cocina, después, al cuarto de baño. Se golpeaba torpemente con todas la esquinas y puertas antes incluso de llegar a abrirlas.
Marga no se atrevía ni a moverse del miedo que tenía. Pensaba que esa noche quizás todo se acabaría para ella. Amando seguía entrando en todas y cada una de las habitaciones, ¿buscándola? De pronto, empezó a gritar con unos gritos desgarradores que asustó y sobresaltó irremediablemente  a Marga, aún más de lo que ya lo estaba.

¡Marga! ¿Dónde estás…? ¡Marga! ¡Marga…! El último grito llamándola fue quebrado por un sollozo. Estaba en la habitación de matrimonio. Torpemente se acercó a la cama y se sentó sobre la cama sin hacer. Una cama que parecía que llevaba muchísimo tiempo sin ser usada,
Llena de polvo y telarañas que Armando, quitaba a zarpazos mientras sorbía sus  lágrimas.
Marga se acercó por fin a la habitación y lo contempló durante unos segundos, sin comprender.
Fue entonces cuando su pensamiento volvió hacia atrás y recordó… ¡Oh, sí, claro que recordó!
Aquella fatídica noche en la cual, ella, se enteró que, Amando, en vez de ir al Psiquiatra se iba de putas y por esa razón volvía más borracho que nunca. Ese día se prometió que nunca más se lo consentiría y nada más entrar Amando, se lo echó en cara. Le escupió en el rostro lo maldito hijo de puta que era, lo poco hombre y cobarde que siempre fue y… Armando llevaba una botella de güisqui en la mano, bebida por la mitad, la misma botella que, sin pensarlo y llevado por la furia, estrelló contra la cabeza de la pobre e indefensa Marga.
Y desde ese día que, Marga lo espera… y allí sigue, esperando con la esperanza puesta en que Armando, su Armando, se curará y todo volvería a ser igual que cuando se enamoraron.