Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 20:14:00
Nuevo crimen, nueva investigación, nuevo problema
 
Lorenzo Vidal, llamado artísticamente “el gran pollón” (y no precisamente por “empollar”). Estaba
 harto, se había cansado de que lo dirigieran, no solo artísticamente en las cintas “X” sino también en su día a día. No aguantaba más, sabía que estaba hasta el cuello, también sabía que quien se metía en ese mundo estaba condenado de antemano a morir en él. No solo eran las películas porno, (en las cuales disfrutaba, eso era cierto, no todos podrían decir que follan todos los días, a todas horas y, encima, cobrando). Pero el problema no era el porno, no, era la cochina droga, la droga que se vio forzado a vender, apenas empezar su primera película y escasamente al segundo día de rodaje... a fuerza de ser eliminado si no lo hacía (y no solo de la película precisamente).


Al principio fue el miedo, tenía que reconocerlo — se decía Lorenzo, pensando para sí mismo — , pero luego ya todo le dio lo mismo. No fue sino hasta enamorarse de Merche, «Merche... aquella muchachita, apenas una niña, de adorables labios y pequeños senos, apenas florecidos. Una niña con muchos problemas, violada una vez tras otra por su padrastro (al parecer con el beneplácito de su madre, la cual se consolaba de los cuernos de su marido con su hija, a base de ansiolíticos y mucho alcohol). Ella fue la causa que le hizo recapacitar en su puerca vida, en lo vacía de contenido y, sobre todo, en el daño que le estaba haciendo a los jóvenes siendo cómplice directo de una cosa tan despreciable como lo era la venta de droga. Fue entonces cuando se propuso firmemente dejar ese mundo infecto y para ello forjó el plan perfecto (o al menos él así lo creía).


Merche estaba preparando su maleta, lo había decidido por la noche, al irse Lorenzo, después de haber pasado la noche juntos disfrutando del sexo sin cámaras y sin interrupciones. Estaba cerrando la maleta cuando llamaron a la puerta con los nudillos.
— ¿Quién es? — preguntaba Merche mientras corría a esconder bajo su cama la maleta.
— Ábreme querida, soy yo, Lorenzo.
Merche enarcó las cejas mientras pensaba; “no es posible... quedamos en que iría yo en su busca...”
— ¡Abre coño que tenemos que hablar! — sonó la voz fuera.
— Está bien, está bien, ya voy, un segundo, estaba a punto de ir a la ducha y estoy desnuda —. Corrió Merche a desnudarse y ponerse un albornoz.
Al abrir, Lorenzo entró en tromba ordenándola seguidamente que echara todos los cerrojos y que lo siguiera a la terraza. Merche se quedó cortada y no supo qué decir pero, hizo lo que él le dijo que hiciera sin rechistar. Una vez en la terraza, Lorenzo se volvió hacia ella y se llevó el índice a los labios a modo de pedir silencio.
— Tienes micrófonos en toda la casa, llevan tiempo vigilándonos, debemos de ser precavidos — . La dijo en apenas un susurro.
— Pero qué... — intentaba preguntar Merche — notó Merche algo extraño en Lorenzo, no sabía el qué pero no le gustaba lo que la hizo sentir.
— Toma — dijo Lorenzo adelantando la mano y callándola con un gesto concentrado.
— Lo que la daba era un camafeo —  es un camafeo de plata, herencia de mi madre, para mi es una joya de gran valor personal, aunque lo realmente valioso está en su interior. Guárdalo, en sitio seguro, te lo vendrán a pedir, solo tienes que darles lo que está escondido dentro.

Un gesto enérgico de Lorenzo la obligó a callar de nuevo.
— ¡Vete ahora a duchar, tienes que marcharte enseguida del apartamento! Yo mientras haré una llamada, espero llegar a tiempo... — Antes de salir disparada a la ducha, Merche tuvo tiempo aún de darse cuenta del gesto preocupado de Lorenzo y de su rostro convulso y sudoroso. Cuando salió de la ducha buscó por todo el apartamento a Lorenzo sin encontrarlo, hasta que salió a la terraza y escuchó un griterío que venía de la calle. Al asomarse pudo contemplar una marea de gente que señalaban y miraban hacia arriba y una enorme mancha de sangre debajo de un cuerpo totalmente aplastado y destrozado. Merche se llevó la mano a la boca para ahogar un grito, acaba de reconocer la ropa del cuerpo aplastado y, ¡el cuerpo aplastado en la calzada era Lorenzo!

El capitán Matías llegó cuando la cosa estaba más calmada y ya la policía municipal  había acordonado la zona dejando trabajar a la policía científica. Reconoció a Gabriel, el médico forense que se encontraba, justo en ese momento, agachado junto al cadáver y tomando  anotaciones en su cuartilla .
— ¡Gabriel!— llamó enérgicamente.  — ¿Tienes algo? — dijo sin echar ni un vistazo al cadáver.
— Poquita cosa capitán, hasta que no me lleven al  laboratorio el cuerpo. Te puedo decir, eso sí, que tenía treinta y pocos años, cuerpo atlético, y... Oh, sorpresa, hemos descubierto, por haber quedado su pantalón destrozado por “salva sea la parte” que posee... ¡una descomunal polla...! — Viendo el gesto de sorpresa del capitán, continuó diciendo —, también te puedo decir que murió en el acto al caer desde una gran altura, aunque no te puedo decir exactamente de qué altura cayó, eso sí, ni se enteró que moría te lo aseguro.
El capitán no esperó a que acabara y se aproximó al cuerpo, que se mantenía oculto a los ojos de los curiosos por medio de la típica bolsa protectora.
— ¡Lorenzo Vidal!— soltó nada más abrir la bolsa y verle el rostro.
— ¿Le conocías, Capitán? — preguntó extrañado Gabriel.
— Sí... — contestó escuetamente y libido. En ese instante llegaban sus subalternos, los agentes Rocío Bartomeu , Andrés Balaguer y el inspector Bruguera.
— ¡Capitán! ¿Qué hace usted aquí? — soltaron los tres al unísono, quizás pensando que su jefe quería quitárselos de encima.
Matías les hizo un gesto hacia la esquina, junto al portal del edificio de donde, supuestamente había caído el muerto, mientras les decía, señalando hacia el restaurante “La gallina ciega”.

— Había quedado para comer... con el muerto.