Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 21:07:00
CONTINUACIÓN...
Tan concentrados estaban leyendo uno y escuchando los otros, que nadie se fijó
en aquel hombre solo tumbado entre dos enormes rocas y que, aparentemente, parecía dormido y olvidado de todo, salvo la de tomar el sol.
No, ninguno de los tres “superpolis” se apercibió ni prestó atención, cosa de la que se iban a arrepentir más tarde.
Este sujeto ni se movía, como si estuviera profundamente dormido, pero no, si se hubieran acercado lo suficiente, se habrían dado cuenta que lo que a cualquier persona normal le hubiera parecido unos simples cascos de una Ipod, ellos, unos perfectos “perros de presa” habrían averiguado enseguida que en realidad se trataba de una potente red de escucha y espionaje de última generación¡ y se estaba enterando de todo lo que decían! «Eran tan discretos los tres». ¡Por Dios, lo raro era que no los hubieran escuchado en toda Costa Rica con lo que gritaban!
El hombre misterioso esperó a que se alejaran tranquilamente hacia el coche, lo habían dejado a unos trescientos metros de donde se encontraban y, tranquilamente, quiso escuchar de nuevo la conversación de los tres policías dándole al play a la diminuta grabadora digital.
 Escuchando de nuevo toda la lectura que les hizo en voz alta el inspector Bruguera a los agentes Rocío y  Andrés. La voz del inspector se dejó escuchar, eso sí, para escucharla solo sus oídos en aquella, ahora,  silenciosa playa.
« Querido Piolín, supongo que a estas alturas no te vendrá de sorpresa estos juegos que tanto me gustan y tanta emoción le dan a nuestra historia de amor.
Cariño, cuando leas esta carta, hazme saber, mediante el sistema que inventamos tu y yo,  que has llegado a mi país, Costa Rica...
 
Ruby entró como una tromba en la habitación.
¡Piolín, mi amor!―Se lanzó sin pensar a los brazos de aquella figura vestida de payaso que tenía enfrente  y que estaba recostada en el sillón de tres plazas y a oscuras,  tan solo alumbrada por el leve resplandor que venía por la ventana y que no era de otra cosa que de un letrero luminoso que decía; Hotel La Amapola.
―Hola, amor…
Del salto que pegó Ruby hacia atrás, derribó la pequeña mesa de cristal que estaba en el centro de la estancia y que se rompió con gran estrépito, llevándose consigo un hermoso jarrón de porcelana china (falsa claro) que tuvo la misma suerte que la mesa, mezclándose los pedazos de porcelana con los cristales. No se paró ahí Ruby, a gatas se arrastró por la habitación hasta llegar a la pared de enfrente y tanteando logró llevar la mano al interruptor y encender la luz del techo para, de un salto, ponerse de pie al mismo tiempo que de un brinco se daba la vuelta y enfrentaba su mirada aterrorizada con la del extraño visitante.
Sus ojos no dieron crédito a lo que veían, ¡era él! Pero ¿cómo era posible? ¡No podía ser! No eso no era posible porque él… ¡estaba muerto!
―Tranquila pequeña, no ves visiones, soy yo…―entonces se quitó la peluca y la fea mascara de payaso.
―¡Lorenzo Vidal…! ―Fue un apenas audible susurro más que un grito lo que salió de la asustada garganta de la muchacha.
―Cierto, cielo, “El pollón,”  como se me conoce artísticamente― mostró sus dientes en una aparente sonrisa Lorenzo.
―Pero… ¿cómo? ―¡Yo te vi morir! — balbuceó nerviosa y confundida Ruby.
―¿Me viste morir, seguro...? ―Lorenzo soltó una risa, esta vez irónica y de tristeza.
―¡Era mi hermano! ―Soltó con rabia.
―Y él no debió morir… ¡No, él no debía morir! — le gritaba a Ruby en la cara con gran desesperación.
Ruby vio sorprendida como de los ojos de Lorenzo «un hombre al que jamás en los cuatro años que convivieron juntos había mostrado una sola debilidad, incluso ella había pensado más de una vez que era “inquebrantable” –y no solo en la cama-.  Eso fue, en definitiva, estar enamorada desde siempre de Diego López,  lo que la llevó a la determinación de romper con él, necesitaba a su “Piolín,” era su vida».
Ese hombre, rompía ahora a llorar delante de ella de un modo compulsivo, como un niño (sí, un niño, que tenía un pene de cuarenta centímetros entre sus patas), eran lágrimas, no cabían dudas, era un llanto real.
La muchacha no se acercó a consolarlo, estaba temblando de la impresión y perpleja ante la situación, para ella, tan anómala e increíble.
También era verdad que tenía miedo, sí, no hacía más que pensar que su “Piolín” estaría a punto de llegar y… tenía miedo. No sabía cómo podría reaccionar ante el hecho de encontrarse con el ¿muerto? Y claro, tampoco sabía cómo reaccionaría el muerto al verse frente a frente con su rival.
Minutos más tarde en el rostro de Lorenzo no quedaba rastro de sentimiento alguno, su rostro pasó a ser marmóreo, impasible y duro.
―Dime, ¿dónde tienes el regalo que te di, bueno, que te dio mi hermano poco antes de morir? No te lo veo puesto―se acercó entonces a la asustada Ruby y llevó los dedos de su mano izquierda al cuello apartando la larga y rizada melena de la costa rícense.
―No… no lo tengo―tartamudeó Ruby sin saber qué más decir.
―aquí… ―terminó de balbucear.
―¡Imposible! ¿No me querrás decir que la muerte de mi hermano habrá sido en balde? ¿No me dirás eso, verdad? ―Gritó encolerizado perdiendo de nuevo los nervios.
―Él no debió morir… ―volvió a repetir.
―Solo debía acompañarte y esperar a aquel maldito prestamista, solo… debía entregarle la llave, la llave que estaba oculta en el regalo que te había dado, un elegante y hermoso camafeo, supuestamente, regalo de mi amor hacia ti. Dentro se hallaba la llave y ella lo llevaría ante un buzón en el aeropuerto del Prat, dónde lo esperaría la…
Se calló de repente Lorenzo poniéndose pálido.
―¡Mierda! ¿Cómo no me di cuenta antes? ¡Fue un chivatazo, hubo un chivatazo! ¿Cómo no lo pensé antes? ¡Malditos sean, mataron a mi hermano por su culpa, los voy a matar, lo juro, los mataré!
En ese momento sintió un golpe en la cara y la voz irritada de Ruby que le decía ―¡Toma, tu camafeo y ahora, vete de aquí!
Lorenzo la miró con tristeza.

―¿Aún no lo entiendes, verdad? Mi hermano murió para protegerte a ti… él sabía que si le daba el camafeo, ese hombre os mataría a los dos, por eso lo entretuvo, intentando que tu escaparas y veo que… lo consiguió, pagando con su muerte.

Dicho lo cual salió silenciosamente… por la ventana, desapareciendo en la oscuridad sin dejar rastro, dejando a la muchacha compungida, sofocada y con remordimientos por creerse culpable.