Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 20:56:00
No, definitivamente no le gustaba nada Isaac— pensaba ofuscado Guillermo. Y, por supuesto que no pensaba hacer ningún “pacto” con el tal “Isaac”, que se “apañara” Malena, si ese era su deseo, pero él no pensaba hacer ningún pacto. “Su venganza” era privada y solo suya. Habían pasado ya diez años pero lo recordaba todo como si hubiese pasado tan solo hacía unas horas...


♯ ♯ ♯
—«¡Cariño, tráete a los niños y veniros a comer, la mesa ya está puesta!—. Le gritó Mayka desde la puerta de la autocaravana, en la cual habían decidido viajar ellos y sus dos hijos, el pequeño y pecoso Marco, de seis años y Betty, la bebe, rubia y con unos preciosos ojos azules, de tan solo tres años.
 
Guillermo se giró buscando a los pequeños con la mirada, allí estaban, jugando y divirtiéndose cerca de la orilla del lago chapala, donde habían decidido hacer noche y descansar. Venían de Jalisco, primera ciudad donde pusieron los pies tras desembarcar del avión que los llevó allí desde Barcelona, España.

Era un viaje muy deseado por ambos para “desconectar”, Guillermo llevaba un tiempo con depresión debido a unos problemas en su trabajo, serios problemas con sus jefes que, no estaban conformes con sus “métodos” a la hora de resolver “ciertos problemas”, para ellos muy fáciles de resolver, como eran los casos de desahucios, en los cuales, la especial sensibilidad de Guillermo,muy involucrado en la ONG “ayuda en acción”, le hacía que siempre se pusiese de parte del más débil y acabara por abandonar el lugar sin llevar a cabo tal desagradable asunto. El disgusto de sus jefes era de órdago claro, tanto que más de una vez lo trasladaron de departamento. Guillermo era teniente de los mossos de esquadra, del departamento de policía de la Generalitat de Cataluya, Barcelona, (España).

—¡Marcos! ¡Betty!—gritó a todo pulmón (pese a estar a apenas diez metros).
Los niños parecieron no oír a su papá y siguieron corriendo por la orilla del lago, haciendo oídos sordos a los gritos de llamada de su padre que, no tuvo más remedio que ir a por ellos con una gran sonrisa en la cara, no podía evitarlo, le recordaban demasiado a su amada esposa, Mayka. Eran tan cabezones como lo era ella.

 
No acababa de llegar hasta ellos que escuchó el primer grito, pero este no era de llamada, era de miedo, de terror. Se dio la vuelta bruscamente mirando con atención hacia la autocaravana, sin duda el grito provenía de allí. Viendo, primero con sorpresa y luego con indignación, como cinco sujetos,  vestidos de moteros tenían rodeada a Mayka. Desde luego no parecían tener buenas intenciones por la cara de miedo que se le había puesto a Mayka.

Guillermo les gritó a sus hijos que se ocultaran detrás de unos árboles cercanos y que esperaran allí, estos no se hicieron de rogar, (vieron la angustia en su cara y no se lo pensaron dos veces), Marcos tiró de su hermana y salieron escopeteados hacia los árboles. Guillermo ya corría desesperado hacia la autocaravana.
Cuando llegó a la puerta, ya los sujetos habían desaparecido con Mayka dentro, Guillermo escuchaba perfectamente sus gritos y las risas e insultos de los moteros.
Cuando fue a abrir la puerta sintió un fuerte golpe en la espalda que casi lo deja sin conocimiento, uno de ellos que se había mantenido oculto tras la caravana, le había sorprendido y golpeado fuertemente con un grueso tronco por la espalda.
—¡Eh, chicos, mirad que tenemos aquí! — gritaba, al mismo tiempo que le daba una fuerte patada en los riñones al dolorido Guillermo.
Dos más salieron fuera y no se lo pensaron dos veces, dando fuertes patadas al caído y dolorido Guillermo que poco o nada pudo hacer, salvo intentar cubrirse la cabeza con las manos. Antes de perder el conocimiento pudo escuchar los aullidos de Mayka, los dos restantes se estaban “divirtiendo” con ella.

Cuando despertó, horas (o días) más tarde, a Guillermo le parecía que una apisonadora le había pasado por encima, estaba empapado, ensangrentado y roto, seguramente tenía varias costillas rotas pues, cuando se intentó levantar, el dolor le hizo agarrarse las costillas y soltar un tremendo alarido, semejante al que da un animal herido de muerte. Miró con gran esfuerzo a su alrededor, no conocía el lugar, supuso que estaba al otro lado del lago, estaba junto al agua pero no sabía cómo había llegado hasta allí. Pensó que lo habrían dado por muerto y lanzado al lago.
Se acordó de repente de Mayka y sus niños, y se puso rápidamente a caminar, tenía que llegar como fuese, encontrarlos, su corazón empezó a galopar dentro de su maltrecho cuerpo, no pensaba en otra cosa que en sus hijos y en Mayka, su esposa... ¿qué habría sucedido? Recordaba haberla escuchado gritar... sus dientes rechinaron con rabia “si la han hecho algún daño yo...”, sus hijos... ¿se habrían mantenido ocultos como él les ordenó?, su cabeza iba a estallar, los pensamientos, todos malos, le asaltaban y lo hacían estremecerse.. siguió caminando, casi corriendo, tropezando cayendo y levantándose varias veces, debido a los fuertes dolores que sentía a cada paso. Andados unos metros pareció recuperarse un poco y pudo mantener la vertical sin caerse. Buscaba el modo de encontrar el camino que lo llevara de nuevo hasta la autocaravana, se temía que tendría que dar toda la vuelta al lago».

Una voz conocida lo sacó de golpe de sus pensamientos.

—Ni se te ocurra unirte a Isaac y mucho menos a mi, esta “guerra” es mía—sentenció con un brillo acerado en su mirada violeta.



Miró a Malena, ella lo miraba desafiante, dura, aunque a él no lo engañaba, en aquella mirada había ternura, preocupación, interés...

—Tranquila dulzura— ignoró la mirada de furia que le lanzó Heriotza.
—También yo tengo una guerra que no puedo ni quiero aplazar—. Ahí Malena pudo darse cuenta que también Guillermo podía ser duro cuando quería. Diciendo esto Guillermo giró la cabeza hacía Ramón, luego hacía Isaac, haciéndoles a ambos un gesto de despedida,  finalmente se giró de nuevo hacia Heriotza diciendo un escueto—, cuídate pequeña—. Seguidamente le dio la espalda y se perdió entre las sombras tal y como había llegado.

Malena lo tenía claro, era hora de acabar con lo que hacía años había empezado, no podía permitir que más personas de su entorno sufrieran las consecuencias  de su venganza.  No podía dejar que “El padre” Manuel, siguiera saliiéndose con la suya. Había esperado ya demasiado tiempo esperando a que se arrepintiera de lo que hizo y eso no había ocurrido nunca y era ya hora de tomarse justa venganza y mandarlo al infierno junto con su “jefe”... Lucifer.