Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 12:26:00
El reto de este mes es: No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. - De Edgar Allan Poe, El Gato Negro.




―¡Callad hijos de la gran puta! ¡Nadie os escuchará por mucho que gritéis! Cogí la pluma de nuevo y continué escribiendo. Debía de acabar pronto los chicos me esperaban.
No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Seguramente no me creerán pero este que escribe esta nota está muerto. Sí, puede sonar a locura o también a una broma macabra pero, es cierto. La verdadera broma me la hicieron a mí cuando me mataron.
Pero voy a empezar desde el principio (aunque no hay mucho que contar).
Salía yo de mi casa, como cada jueves a las cinco de la mañana para ir a trabajar a la panadería cuando unos jóvenes mal encarados y en estado evidente y severo de embriaguez me pararon mientras reían y hacían escarnio y mofa de mi aspecto, digamos, poco agradecido (debo explicar que, por mala fortuna, nací con una malformación congénita, hablando en plata, y para que me entiendan mejor, llevo o calzo, chepa).
De mi rostro no les hablo, posiblemente no podría ser ni benévolo conmigo mismo pero ¿tengo yo la culpa de haber nacido con chepa y además feo? Perdón, me fui de lo esencial, la historia. Los chicos me rodearon y comenzaron a zaherirme con sus comentarios soeces e insultos mencionando incluso, al hecho en sí de por qué había nacido un monstruo así y por qué mi madre no había abortado y, al principio, lo acepté bien, (estoy acostumbrado a la mofa y a los insultos más terribles, no es que fuese lo habitual pero, solía pasarme a menudo). Pero cuando pasaron ya a la acción y comenzaron a empujarme los unos contra los otros a la vez que comenzaban a golpearme violentamente, he de reconocer que me asusté mucho. Las pocas veces que podía levantar la cabeza y mirar sus rostros descompuestos, idiotizados por la bebida (o yo que sé), me hacían sentir aterrorizado de verdad. No sé ni como pude escapar a sus golpes pero lo hice y salí corriendo torpemente, tropezando y cayendo varias veces, la suerte es que ellos, debido a su estado, tampoco estaban muy ágiles que digamos y eso me permitió esconderme en la zona más oscura de un callejón próximo y esperar unos minutos hasta verlos pasar riendo a carcajadas y vi a alguno de ellos que vomitaba asquerosamente en la esquina, a apenas unos diez metros donde yo me encontraba, atemorizado y aturdido.
Me confié muy pronto, demasiado pronto salí del callejón (aunque quizás ellos ya sabían que estaba allí e igualmente hubiesen acabado yendo a por mí o me hubieran esperado). Porque nada más asomar mi pobre asustada cabeza por la esquina cayeron todos sobre mí como buitres hambrientos y, lo que fue peor, estaban enfurecidos.
Esta vez no pude escapar y de tan cruel paliza me mataron (aunque no morí al instante, ojala y hubiera sido así). Pero no, aún tenían que hacer su última gracia, moribundo ya, abrieron una cloaca cercana y me empujaron sin miramientos al fondo.

La horrorosa muerte que me dieron las ratas no se la deseo a nadie, bueno sí… a ellos, ellos van a tener las peores de las muertes, de eso me encargaré yo.
Esta carta solo es un mero testimonio para que se sepa (cuando los mate a todos) que los maté por muy buenos motivos.


Miré entonces la enorme caja de madera pegada a la puerta donde estaban encerrados los chicos, en su interior miles de chillidos furiosos y hambrientos me pedían que les abriera la puerta, les obedecí, era ya hora, había llegado el momento de culminar mi venganza.