Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 20:42:00
RELATO Marta Barral 
Que complicado es esto de regalar!!!
Crees que conoces a la persona hasta que se acerca su cumpleaños y una tarde te sientas con la intención de tomar una decisión y de repente te quedas en blanco…
Con lo fácil que es regalar a una mujer. Bueno, menos a Clara que es rarita, todo natural y ecológico… o a Laura que por mucho que te esfuerces pone esa cara de “¿y esto para qué lo quiero?... qué cosa más fea”, y todo con una falsa sonrisa.

Decido salir a mirar escaparates – Si veo cosas igual me inspiro… Pero  lo digo sin ninguna convicción.
Tengo claro lo que no le gusta, no fuma, no bebe, no lleva corbatas… música?, la tiene en Internet… pasiones?, la escritura… pero sólo usa el ordenador…
Salgo, al menos me dará el aire.

Mi primera idea es dar una vuelta por el barrio, pero después de cinco zapaterías, tres chinos, una tienda de ropa… decido ir a un Centro Comercial.
La verdad es que odio estos sitios llenos de tiendas para aburrir y gente que parece viven allí, se conocen cada rincón y no dejan de comer y beber, aunque bolsas se ven pocas. Son más centros de diversión, grandes parques de recreo, guarderías para todas las edades.

¿Por dónde empiezo si no sé lo que busco?
Al pasar por una perfumería una chica con la mejor intención (quiero pensar) casi me quita un ojo con una tira impregnada en un perfume de los que se te meten dentro y ya no quieren salir. No me gustan los aromas fuertes y este no me lo pondría ni borracha.
La chica me invita a entrar, que si hay descuento, que si me ayudaran a encontrar lo que me vaya mejor. Por no escucharla acabo entrando.
¿He dicho que no me gustan los olores fuertes? Por eso no suelo entrar en las perfumerías como no sea que se me acabe la colonia que hace años uso y que soy incapaz de cambiar.
En cuanto pongo un pie dentro ya tengo una “simpática” vendedora soltándome el rollo. En cuanto se despista buscando una crema para una señora desesperada salgo casi corriendo y a punto de tirar un frasco de los caros… ufff
 
Me duele todo y estoy agobiada. Puede que un café me ayude.
Consigo sitio al lado de un padre y su hija de unos 6 años. No puedo evitar escuchar su conversación, hablan de la madre de la niña…
-         Papá, yo quiero comprarle algo bonito para el Día de la Madre… - le dice casi suplicando, con esa carita de ángeles que ponen cuando quieren algo.
-         ¿Pero no le has hecho un regalo en el cole?
-         Pero si es un asco… unas flores en un marco… me ha quedado horrible, no se lo daré, lo tiraré para que no lo vea - casi llora.
-         No digas eso, seguro que te ha quedado muy bien. Además tiene más valor algo hecho por ti. Seguro que a mamá le encantará… - le dice el padre mientras le acaricia el cabello.


No veo a la niña muy convencida, pero a mí me ha dado una idea...


RELATO Frank Spoiler

Un camarero de edad sin definir, vamos que ni joven ni viejo, muy amable él, acudió raudo a servirme y, antes incluso de que llegue hasta mi mesa, le pido un cortado templado con un gesto y apenas moviendo los labios. Sonríe apurado y se retira presto a servirme lo solicitado. Dejo de prestar atención al caballero y a su pequeña hija y me dispongo a pensar en “mi plan”, mientras espero mi cortado templado (no me gusta tener que soplar). No puedo explicar ahora por qué pero “algo” que no sabría describir me hizo volver la mirada hacia la derecha, a unos cinco metros de donde me encontraba plácidamente sentada esperando mi café cortado. No era nada “raro”, al contrario (y eso fue lo que me extrañó) había un señor de mediana edad, en silla de ruedas y pidiendo. 
Cómo veis nada raro ni extraño, de estos se pueden ver cientos hoy día en toda España, culpa sin ninguna duda, del gobierno de derechas que tenemos y que nos está llevando a la miseria y a la desesperación a la mayoría de los españoles. Bueno sí, “algo” de extraño sí tenía… este señor, estaba llorando, parecía que le costaba extender la mano, sufría con cada moneda depositada en su palma, con cada sonrisa de conmiseración que le dedicaban, amablemente, la gente al pasar por su lado. Me emocionó… no el hecho en sí de verle pedir no, a eso ya estaba acostumbrada, tristemente, mi barrio era, de lo más habitual el encontrárselo a cada diez metros. No, lo que me emocionó fue su desgarro y ese, su talante orgulloso, manteniendo en todo momento su dignidad. Pese a que se mostraba compungido, su rostro no dejaba de mostrarse agradecido, eso sí, completamente humedecido por unas pesadas lágrimas. Su semblante triste y, hasta diría que envejecido, «posiblemente –pensé- no llegara a tener ni sesenta años, aunque pareciera tener ochenta y más en esos momentos». No pude evitar hurgar en mi bolso, inconscientemente, dispuesta a sacar todas las monedas sueltas que tuviera en esos instantes, con ánimo sin duda de dárselas todas. (Cómo si eso fuese a resolverle todos sus problemas). Me mordí con fuerza el labio inferior hasta hacerme daño ¿qué estaba haciendo? No era así como se ayuda a las personas que te necesitan… no esperé que me trajesen el cortado, decidida me levanté y fui directa hasta el señor, poniéndome justo enfrente, a medio metro de su cara. Cuando vi su rostro de cerca me llevé una desagradable sorpresa… era él,  (reconozco que de lejos no veo un burro a tres pasos). Al reconocer en aquel hombre a… mi cuerpo se estremeció entero pegando un brinco hacia atrás.
¿Qué quién era él?
Una sonora voz me sacó de la abstracción… ―Señora, su cortado― ni me había dado cuenta que seguía sentada en la misma silla y en la misma mesa esperando mi café y allí, justo al lado, seguía el caballero y su pequeña hija discutiendo aún sobre qué regalo hacerle a su mamá. Desvié un segundo la mirada a mi derecha, del señor pidiendo y en silla de ruedas… ni rastro. Pero eso sí, yo ya sabía el regalo que tenía que hacer. Fin.


 (Escrito por Marta Barral y un servidor).