Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 22:06:00
 Relato de Frank Spoiler 3

Al otro lado del teléfono, Gabriel sonreía resignado, Petra tenía esa facultad, la de hacerle sonreír. Cuando hablaba o estaba con ella, se olvidaba de toda su miserable vida de escritor y padre fracasado. No fue fácil para ella, no, al contrario, tuvo que luchar mucho, pelearse casi a diario con él, pero no discutiendo o enfadándose (eso hubiera sido demasiado fácil), se peleaba pero con arte y paciencia, con mucha paciencia y mucho sentido del humor. Volvió a sonreír Gabriel. “Algo” en su corazón le decía que su felicidad estaba allí, en ella, pero le duraba poco, enseguida se abatía y pensaba de nuevo en que su vida era un desastre y en que no acababa de ver la luz. Se venía abajo por momentos… Gabriel suspiraba entristecido, mientras se levantaba del asiento, frente al ordenador, donde se pasaba las horas y horas intentando acabar su próxima novela “El sueño frente al espejo”. 

Solo le faltaba hallar el final adecuado, casi lo tenía, ―pensaba Gabriel― mientras le echaba un último vistazo a la pantalla, a sus párrafos finales, aquellos que decía: “viví frente al espejo de la añoranza tantos años que, al igual que Alicia, en el país de las maravillas, caí al abismo de mis propias limitaciones y fantasías, buscando hallar una verdad que solo existía en mi imaginación”. 

Estuvo largo rato ensimismado en ellos, sin verlos, su mente viajaba a la velocidad de la luz, pensaba en sus hijos, en cómo crecían de rápido y en cómo se estaba perdiendo lo mejor de sus vidas… Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro, silenciosas, mudas y cargadas de amargura. No podía evitarlo, cada vez que pensaba en ellos brotaban libres, no podía sujetarlas. Se sentía tan fracasado, tan hundido y miserable…
El sonido del teléfono lo sacó de su abstracción.
―¿Sí, dígame? ―contestó Gabriel, poniéndose el auricular en la oreja izquierda.
―¿Cómo? ¿pero…? Ya, sí claro… sí, supongo que siendo así en dos semanas la tengo lista, sí… sí, sí, de acuerdo, quedamos así, gracias Paquita ―Gabriel colgó el teléfono totalmente embriagado.
No se lo creía… hacía días había hecho algo que, años atrás, jamás se le habría pasado por la mente; le había hecho llegar a una editora independiente algunos capítulos de su nueva novela “El sueño frente al espejo“ y ésta… ¡le había llamado! No se lo podía creer… le había pedido una cita con él para hablar del contrato, quería a toda costa su novela y la quería ya. Habían quedado para el día siguiente, viernes, en su despacho de Barcelona. Gabriel no cabía en sí del gozo, estaba radiante. Los nervios no lo dejaban pensar así que se decidió por vestirse (siempre estaba en casa en chándal) y salir a la calle a despejarse un poco. Una vez vestido y en la puerta, estuvo a punto de llamar a Petra pero se lo pensó mejor y decidió que el domingo, cuando estuvieran juntos, se lo contaría en persona. 
Antes de cerrar la puerta tras de sí, pensó en sus hijos y su pensamiento fue: tal vez sí, tal vez exista un futuro para ellos y también para nosotros dos.

Relato de Marta Barral 4

Llegó el domingo.
Me costó levantarme después de dos noches de insomnio pero tras una ducha rápida y un café con leche me espabilé un poco.
Durante el trayecto en autobús intenté dejar mi mente en blanco, pero no era capaz. Mi cabeza era un hervidero y las punzadas de dolor volvían con fuerza. Por suerte duró poco, salir de la ciudad siempre ayuda a despejarme. Hacía un día precioso y de nuevo iba a ver a Gabriel, el hombre que dio un vuelco a mi vida y a mi corazón…
Cuando el autobús entraba en la estación le vi sentado en uno de los bancos, cabizbajo y con un aspecto algo descuidado.
Cuando llegué ante él levantó la cabeza y en sus ojos descubrí un vacío inmenso. 
Nos abrazamos. Fue un abrazo largo, intenso, deseado… Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas sin control, desbordando mi alma y mis ojos.
-No sufras vida, estamos juntos… -le susurré al oído.
Me miró fijamente y lo que vi me sorprendió, seguridad y decisión. Me cogió de la mano con fuerza y nos encaminamos al café habitual. Sin pedirlo nos sirvieron dos cortados.
-Ya nos conocen…!!! -dijo con una sonrisa.
Estaba intrigada, ¿había pasado algo?, no entendía su expresión, su cambio de actitud, me ocultaba algo.
Acabó su cortado en dos tragos mientras yo esperaba una explicación que no llegaba. Me estaba poniendo de los nervios.
-¿Cómo estás? –pregunté con ansiedad.
-Mejor…-contestó de forma misteriosa.
-Bueno, ya está bien… ¿me vas a contar qué pasa? –solté empezando a enfadarme.
-Lo haré, no te preocupes, te pido un poco de paciencia. Te gustará tanto como a mi –me aseguró y acercándose me besó apasionadamente.
Por un momento casi olvidé donde estaba, sus besos tienen ese poder sobre mí.
-Vamos a dar un paseo, es una pena no aprovechar este día tan hermoso –dijo con un tono alegre que nada tenía que ver con el de días anteriores.
Al salir volvió a coger mi mano acariciándola con ternura.
Camino a la Iglesia el ambiente se hacía más festivo. Castellers colocándose sus fajas negras bien apretadas, niños correteando, paradas de artículos artesanos se mezclaban con otras de productos de la tierra y herramientas… En la Plaza del Ayuntamiento el bullicio era mayor e incluso una orquesta amenizaba la mañana con canciones populares. Al sonar un bolero, Gabriel me cogió de la cintura y sin pensarlo estábamos en mitad de la plaza marcándonos unos pasos bien “agarraos”. Cuando acabó la canción me sentía sofocada y no pude evitar ponerme a reír sin parar. Él me miraba satisfecho y su risa también era contagiosa.
De repente, un niño que pasaba entre la gente con unos papeles en la mano me dio uno y desapareció rápidamente de mi vista. Lo leí por encima sin darle importancia.
-Vuelve a leerlo!!! –me pidió Gabriel.
Me quedé con la boca abierta y le miré con admiración. El papel era publicidad de un evento:

“Domingo día 9 de agosto a las 18h, os esperamos en el Centro Cultural, “Galería del Arte” para la presentación del libro “El sueño frente al espejo” A cargo de su autor, Gabriel Tapia Verdejo…”. No tuve que leer más, me abracé y le besé como si me fuese en ello la vida. Tanto buscar un regalo para Gabriel y... el regalo era él. Por fin la vida nos sonreía.