Navegar sobre el río de lava ardiente sin abrasar mis propios sentimientos ni ahogarme en ellos...
Posted by Frank Spoiler 10:09:00


Míchigan. (Estados Unidos).
August; 51 años, Divorciado y con dos hijos, a los que amaba con toda su alma. Desempleado y al cuidado de una madre enferma de Alzheimer. Sin vivienda, mal vivía en una cochera, en Detroit, en una casa que antaño fuera suya y que hoy, era de su ex mujer, de su suegra y de sus hijos. La cochera, convertida eventualmente en vivienda, con dos simples camas y un aseo sin ducha, con retrete y lavamanos.
Era él quien cocinaba para todos en la casa «pocos podrían comprender o entender esa situación tan extraña». Tanto su madre cómo él mismo, usaban el baño superior para la ducha y aseo personal y coexistían todos juntos, más que hacer vida en común. August, no tenía más que estudios primarios, siendo estos además, inacabados.
 Toda su vida era un aprendizaje continuo. Incansable buscador de la verdad Su verdad Perdido en la blandura de un corazón qué tan solo le trajo un disgusto tras otro.
De niño vivió siempre en un mundo de fantasía dónde solo tenían cabida sus propios héroes… y sus sueños más anhelados e infantiles.
Incapaz de hacer daño a una mosca. Sufrió en propias carnes la incomprensión de las mujeres con las que, de alguna forma, compartió su vida alguna vez.  Siendo menospreciado por ser demasiado bueno y sin maldad. Nunca logró hacerse entender por ellas. De niño, de tan ingenuo e inocente, fue querido y adorado por todos sus vecinos y vecinas, su carácter,  ingenuo y bonachón, a la vez que educado y servicial, le hizo ser merecedor de su afecto. Sin ser peleón, nunca se dejó amedrentar por otros niños ni se dejó humillar por los más grandes y peligrosos del barrio. Nunca buscó una pelea pero tampoco la rehuía si esta se terciaba. Fiel defensor a ultranza de los más débiles. Nunca consintió que se les humillara si él estaba presente. Desde esa niñez tuvo constancia que no era igual que los otros niños. Siempre vio más allá de donde se quedaban otros. Lo cual, lejos de ayudarlo, lo hizo ser precavido y juicioso. No debía usar su poder sin ser consciente que, al igual que servía para hacer el bien, también podía ser usado para hacer el mal.
Esto le provocó miedo e inseguridad e hizo de su infancia un infierno.
 Sólo, sin saber cómo hacer para no servir de mofa o escarnio al contarlo. Pero, acaso… ¿podía contarlo?  ¿A quién contarle su incipiente “poder”?
¿Y quién se lo iba a creer?  Si ni él mismo de no creérselo, un día… lo olvidó.



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August salió a correr, bueno, más que a correr, a arrastrarse, no estaba para muchos trotes, estaba pasado de peso, le dolían todos los huesos y por consiguiente, se sentía una mierda.
Eligió esta vez un camino rural rodeando el lago Kemp, cercano a su vivienda, no tenía prisa, sus hijos, después del colegio, solían ir a los viernes a Harvey, ciudad próxima a Wichita Falls, donde iban a comer todos a casa de su abuela, con su madre.
El camino rural que rodeaba el lago, era un camino de tierra, compartido por Transeúntes de a pie, coches o bicicletas, aunque no era muy transitado por los segundos y se paseaba tranquilo, sin miedo a qué te fuera a atropellar algún carro de un conductor nervioso. No, no era ese el caso. Había hecho ese trayecto cientos de veces, buscando siempre una pérdida de “gramos” qué por demás, nunca se daba pues, al llegar de nuevo a casa, el hambre por el ejercicio practicado era mayor que sus ganas de perderlo.
Esta vez fue diferente. Se sentía herido y lastimado y sus ánimos estaban por los suelos. Así que, ni siquiera se dio cuenta de que algo le pasaba por encima de su cabeza y le seguía. ¿Volaba o levitaba…?
Estaba justo encima de su cabeza, a unos diez metros de altura y no era precisamente un pájaro.
August, a todo esto seguía rumiando sus pensamientos, diciéndose de todo y echándose la culpa de lo ocurrido.
Ni siquiera se percataba que, iba tan a prisa y ensimismado qué, su pulso se aceleraba y su respiración se hizo agitada y convulsa, de pronto, se llevó ambas manos al pecho, mientras se le doblaban las rodillas y caía desmayado al suelo.
 Antes de cerrar definitivamente los ojos, le pareció ver algo que brillaba extrañamente en el cielo, justo encima de su cuerpo. Su último pensamiento fue: ” ¡Dios, por fin hallaré la paz”!
Cuando August, abrió los ojos, poco podía imaginar lo que iba a ver. ¿Cómo te sentirías si al levantar la mirada, te encontraras contigo mismo? ¿Y encima, mirándote sonriente y divertido?
Pues eso fue lo que le ocurrió a August. Vio a alguien que le miraba desde cierta altura y… ¡Era idéntico a él! Luego de observarlo un segundo, totalmente asustado y confuso. Se decidió a tocarse, a palparse y a medirse el cuerpo, esperando que no le faltara ningún “trozo” sus ojos bizqueaban de asombro y miedo…
Deja ya de temblar, August Dijo su sosias con su “misma voz” Tú siempre lo sospechaste y tenías razón No eres humano . Ni siquiera existes Continuó su doble, inflexible a su asombro. Tan solo eres una prolongación de mí mismo y de mis pensamientos. ¿Ya no te acuerdas cuando contabas a tus amigos que no eras de aquí, que eras un extraterrestre venido, de no se sabía dónde? ¿Cuantas veces contaste la misma historia a quienes querían escucharla y lo que tú creías que era parte de tú imaginación, como un juego?
Los ojos de August cada vez mostraban más asombro y más dudas.
No podía ser, ¿estaba soñando? ¿O estaba muerto y deliraba? Pero… ¿puede delirar un… muerto? Su mente era un auténtico caos, no entendía nada, aunque, lo de la historia sí, sabía a cuál se refería, él, la había contado en cachondeo, muchísimas veces, tantas que ni se acordaba ya. Una idiotez que se le ocurrió de jovencito para impresionar a las amigas de sus hermanas mayores y a su vez, hacerlas reír un rato. Así fue que se “pilló” una fama de simpático. Algo era algo, cuanto menos, ya que su físico no le acompañaba, al menos sí lo vieran agradable. El pobre, no era precisamente un “adonis” más bien al contrario, su cuerpo era marcadamente obeso y sus carnes, estaban fofas como la gelatina. (Menos mal que por lo menos tenía un rostro agradable y era simpático). Y…  bueno sí, pensaba August. Le dio por contar  que era extraterrestre y que, en realidad, el verdadero August, fue intercambiado por él. Que August, sólo era una especie de experimento para saber cómo piensan y reaccionan los seres humanos ante las muchas adversidades que se le pusieran durante su infame existencia.
Vamos, que era poco menos que  un experimento de laboratorio. Lo bueno fue que para convencerlas  les leía la mano y les contaba cosas de ellas
pasadas y futuras, las pasadas ya las sabía por sus hermanas. Y las futuras… ¿cómo las sabía? No lo sabía…
El caso era que las dejaba asombradas y comentaban lo gracioso y simpático que era. Cosa que por supuesto a él le satisfacía por completo y lo llenaba de orgullo.
Vaya, veo por los gestos de tú cara, que estás recordando Le habló su otro yo.
August, levantó la mirada y le plantó cara. Creo que creía que estaba aún soñando y si era así, no tenía por qué tenerle miedo.
¡Vaya mierda de sueño eres! ¿Ya podías haberme aparecido con un cuerpo musculoso y trabajado, sin arrugas y sin esa cara de gilipollas, tan parecida a la mía, no? ¡Joder, Hasta para soñar soy malo!
¿Aún no lo entiendes, verdad, August? No eres tú quien está gordo y deformado, es más ni siquiera existes aquí, en este mundo, solo eres “Un experimento” y si estás así de gordo, no es culpa tuya, si no mía, pues aquí, en este planeta, no necesitamos nuestros cuerpos para vivir, solo somos energía y si tú me ves así, es por la razón de que te miras a ti mismo y a la vez, solo eres una proyección de “mí subconsciente”. No me preguntes por qué, tal vez el hecho de vivir tanto tiempo tus mismas vicisitudes y tú mala alimentación, trastocó también mí mente y pudo formar ese cuerpo castigado por los kilos de más y la falta de ejercicio.
Pero tenlo claro August, tú, no existes NO EXISTES NO EXISTES
August abrió los ojos de golpe, miró a su alrededor y vio que estaba en el mismo lugar dónde perdió el conocimiento. Echó un vistazo a su móvil, las diez y media. Apenas hacía una hora que había salido de casa. Se llevó la mano hacia dentro de la sudadera sacando un pequeño puñal que siempre que salía a caminar por el campo, llevaba, pegado al cuerpo con tiras de esparadrapo, por precaución. Hacía muchísimo que lo tenía Nunca lo había tenido que usar pero, ese era el mejor momento Pensaba angustiado August, mientras giraba la parte afilada del puñal hacia su pecho, justo dónde se supone que está el corazón, después apretó fuertemente hacia adentro exhalando solo un pequeño grito de dolor. Mientras en su mente le venía un último pensamiento. ¡Joder, para no existir, como duele esto!
Allá lo encontraron cuatro horas más tarde semiinconsciente sobre un enorme charco de sangre y murmurando repetidamente; “No existo… no existo… no existo”.